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La urgencia de las Finanzas Abiertas para el Sector Solidario frente al Decreto 0368.

El nuevo paradigma financiero, el sector solidario y el contexto de oportunidad

 El sector financiero a nivel global y en Colombia está atravesando una transformación estructural irreversible. Tradicionalmente, la información transaccional y financiera de las personas ha estado resguardada (y en muchos casos, monopolizada) por las grandes instituciones bancarias tradicionales. Sin embargo, un nuevo modelo ha emergido para cambiar esta dinámica: Finanzas Abiertas / Open Finance.

Para el sector solidario colombiano, este cambio representa una oportunidad histórica. La esencia del cooperativismo es la democratización del crédito y el bienestar del asociado. Las finanzas abiertas comparten una filosofía similar: la democratización de los datos.

Adicionalmente, con la expedición del decreto 0368 del 7 de abril de 2026, el gobierno nacional cataloga el acceso y uso de datos como un catalizador de la seguridad humana y la justicia social, buscando impulsar la economía popular. Este decreto consolida el sistema de finanzas abiertas como un esquema de carácter obligatorio para las entidades vigiladas, lo que hace inaplazable nuestra participación activa.

De acuerdo con informes recientes (como el estudio sobre el estado de las finanzas abiertas en 2026 de FT Longitude y Mastercard), la competencia en los servicios financieros se está acelerando a un ritmo sin precedentes. Ante factores como la inflación y la incertidumbre económica, las personas buscan proveedores que ofrezcan mayor valor, soluciones más inteligentes y garantías absolutas sobre el manejo de sus datos. Hoy, los consumidores están dispuestos a abandonar a sus proveedores actuales si no reciben los beneficios esperados: el 77% cambiaría de entidad para tener más transparencia sobre el uso de sus datos, el 76% lo haría para acceder a funciones digitales que faciliten sus finanzas, y un contundente 81% se cambiaría con tal de obtener mejores condiciones de crédito.

Este contexto subraya la urgencia de adoptar estas tecnologías.

Este documento tiene como propósito desmitificar el concepto, aclarar dudas infundadas y exponer de manera ejecutiva por qué su entidad debe prepararse estratégicamente para este ecosistema, basándose en el comportamiento del consumidor, la regulación local y las lecciones globales.

 

2.Desmitificando el concepto: lo que son y lo que no son las finanzas abiertas

Existe un grado significativo de desinformación en el mercado respecto a las implicaciones de compartir datos financieros. A menudo, el temor al fraude o a la pérdida de clientes paraliza la toma de decisiones. Para despejar estas dudas, es fundamental establecer límites conceptuales claros.

 

2.1. Lo que no son las finanzas abiertas

No son la venta de bases de datos: no implica comercializar la información de sus asociados al mejor postor. Operan bajo estrictos lineamientos de protección de datos personales.

  • No son una vulneración de la privacidad: ningún dato se comparte sin el consentimiento explícito y revocable del usuario. El asociado es el único y verdadero dueño de su información. El decreto 0368 reafirma que el sistema se estructura sobre el respeto irrestricto de la libertad del consumidor para autorizar el acceso de forma previa, expresa e
  • No son un modelo exclusivo para grandes bancos: al contrario, nivela el campo de Permite que entidades del sector solidario compitan en igualdad de condiciones de información.
  • No son una puerta abierta al fraude descontrolado: el intercambio se realiza mediante canales tecnológicos altamente encriptados y estandarizados a través de API (interfaces de programación de aplicaciones).

 

2.2. Lo que sí son las finanzas abiertas

  • Un ecosistema de intercambio seguro de datos consentidos. Se trata de una infraestructura tecnológica moderna que le permite a nuestro asociado autorizar a nuestra entidad solidaria para acceder de forma confiable a su historial financiero alojado en otra institución.
  • Un motor para la personalización de nuestros servicios. Al conocer el comportamiento financiero completo y global de cada persona, la cooperativa o fondo de empleados puede diseñar y ofrecer tasas de interés mucho más justas y alineadas al perfil de riesgo real del
  • Una garantía de conexión técnica Esto significa estandarizar la forma en que nuestras plataformas se comunican con el resto del sistema, facilitando modelos avanzados de integración tecnológica como finanzas solidarias como servicio (conocido en el sector tecnológico como Banking as a Service/ Banca como Servicio).
  • Una política de Estado enfocada en la inclusión financiera. Es una iniciativa impulsada en Colombia para construir un ecosistema transparente que inició con el decreto 1297 de 2022 y que hoy se consolida con el decreto 0368 del 7 de abril de Esta nueva normativa fortalece el modelo al incorporar disposiciones de carácter obligatorio para las entidades vigiladas, buscando fomentar modelos de negocio innovadores que beneficien directamente a la economía popular y comunitaria.
  • Una infraestructura común basada en interoperabilidad y confianza. Las finanzas abiertas también representan la construcción de un lenguaje tecnológico estandarizado para todo el ecosistema financiero y solidario. Esto significa que las entidades deberán adoptar protocolos comunes de intercambio seguro de información, interfaces interoperables y estándares técnicos que permitan una comunicación eficiente, transparente y verificable entre los diferentes participantes del sistema. En la práctica, esto facilitará que cooperativas, fondos de empleados y mutuales puedan integrarse con fintechs, comercios y nuevos servicios digitales bajo reglas homogéneas de seguridad, trazabilidad y control. Adicionalmente, el decreto 0368 de 2026 fortalece la gobernanza del modelo mediante la creación de un directorio oficial de participantes administrado por la Superintendencia Financiera de Colombia, consolidando un ecosistema más organizado, supervisado y confiable para el intercambio de información financiera.

 

Resumen ejecutivo y contraste de conceptos

Frente al mito de que existe una pérdida de la propiedad de los datos, vulnerando al asociado, la realidad es que hay un empoderamiento total del asociado, quien decide cuándo y con quién comparte sus datos. Asimismo, frente al mito de que esto es una amenaza que facilitará que otros roben nuestros asociados, la realidad demuestra que es una oportunidad de fidelizar al asociado ofreciendo mejores servicios al entender toda su vida financiera.

Las Finanzas abiertas constituyen una oportunidad para modernizar capacidades tecnológicas, fortalecer la confianza del asociado y competir en igualdad de condiciones frente a nuevos actores digitales. Más que reemplazar la relación tradicional con el asociado, este modelo permite construir experiencias más ágiles, personalizadas y transparentes, donde la calidad del servicio, la analítica y el uso responsable de los datos se convierten en los principales factores de diferenciación y fidelización.

 

3.El factor crítico: el consentimiento y las personalidades del asociado

El mayor obstáculo actual a nivel global, para el éxito de las finanzas abiertas no es tecnológico, sino la falta de permisos y consentimiento de los clientes. Los ejecutivos del sector financiero estiman que están perdiendo un promedio de 4.6% en ingresos adicionales debido a que los consumidores se niegan a otorgar acceso a sus fuentes de datos. El 68% de las entidades señala que esta negativa genera fricción, retrasos en la apertura de cuentas y decisiones de crédito mal informadas.

Para gestionar esto, las cooperativas deben entender que existen cuatro personalidades de consentimiento entre los usuarios:

 

  • Buscadores de valor (43%): solo comparten datos si entienden para qué se usan y qué beneficio tangible (por ejemplo, menor tasa) obtendrán a
  • Compartidores confiados (27%): se sienten cómodos compartiendo datos; lo ven como parte normal de la era
  • Cumplidores confundidos (18%): comparten su información porque sienten que no tienen otra opción para acceder a los servicios, aunque no entienden el porqué.
  • Evasivos (11%): evitan compartir datos a toda costa, incluso perdiendo beneficios, por problemas de Paradójicamente, el 71% de este grupo desearía las mejoras que trae la tecnología.

 

4. Oportunidades, bondades y el impacto comercial

Las organizaciones que adoptan capacidades de finanzas abiertas reportan un impacto comercial sumamente positivo. El 75% de los ejecutivos afirma que el uso de datos consentidos ha generado crecimiento; en promedio, ha impulsado un crecimiento del 3.3% en los ingresos (equivalente a cientos de millones de dólares en la industria). Además, mejora los KPI (indicadores clave de rendimiento) de retención, incrementa las conversiones de venta cruzada y expande el acceso al crédito. Desde la perspectiva del usuario, el 65% afirma que administrar sus finanzas es menos estresante gracias a esto.

 

A. Mejoramiento radical en el Scoring (puntaje) de crédito y análisis de riesgo

Con las finanzas abiertas, el asociado autoriza a la cooperativa para que lea en tiempo real sus cuentas en otros bancos. Se visualizan ingresos reales y hábitos de consumo, logrando una evaluación de crédito más justa, rápida e inclusiva, reduciendo la morosidad. Es importante destacar que el decreto 0368 obliga a que la información sobre productos de depósito a la vista incluya, como mínimo, el historial transaccional de los últimos doce meses, brindando una base sólida para este análisis.

B.  Procesos de Onboarding (vinculación) digital y automatizado

El asociado autoriza la extracción digital de datos desde las fuentes originales (certificados, extractos). Esto reduce costos operativos, minimiza el fraude por falsificación y transforma un trámite de días en minutos. El enfoque en el ahorro de tiempo es el principal beneficio (60%) que convence al consumidor.

D. Agregación financiera y asesoría personalizada de alto nivel

La cooperativa puede ofrecer una vista unificada (saldos bancarios, aportes, deudas). El 63% de consumidores de servicios financieros siente que las recomendaciones de sus proveedores son más útiles hoy gracias a estas funciones de gestión financiera personalizada.

E. Generación de nuevas líneas de ingresos

Las entidades pueden consumir datos de terceros y también monetizar el consumo de la información que ellas generan mediante ecosistemas de finanzas embebidas con comercios o Fintechs (empresas de tecnología financiera). El nuevo decreto también permite esquemas voluntarios donde los proveedores de datos pueden suministrar información a terceros receptores no vigilados, ampliando las posibilidades de alianza.

F. Fortalecimiento de la competitividad y permanencia del sector solidario

Las finanzas abiertas permiten que cooperativas, fondos de empleados y mutuales accedan a capacidades tecnológicas y analíticas que anteriormente estaban concentradas en grandes entidades financieras. Esto nivela las condiciones de competencia, facilita la innovación de productos digitales y fortalece la capacidad de retención de asociados mediante experiencias más ágiles, transparentes y personalizadas, reduciendo el riesgo de pérdida de mercado frente a fintechs y nuevos actores digitales.

 

5. Estrategias para generar confianza en el asociado

 Para que los asociados otorguen su consentimiento, la junta directiva debe asegurar que la comunicación institucional sea impecable. Los mensajes deben enfocarse en el ahorro de tiempo y transmitir tres pilares clave:

  • La recompensa: explicar claramente qué gana el asociado (por ejemplo, «conecta tus cuentas para reducir el llenado de formularios y obtener una mejor tasa»).
  • El control: garantizar la autonomía (por ejemplo, «tú tienes el control total y puedes revocar los permisos en cualquier momento desde la App (aplicación móvil)»).
  • La seguridad: explicar la protección de la información (por ejemplo, «tus datos están encriptados bajo estándares de seguridad bancaria global»).

 

6. Análisis del entorno regulatorio e internacional: lecciones para Colombia

 Las regulaciones en Europa (PSD2 o directiva de servicios de pago revisada), Australia y Reino Unido se están expandiendo para abarcar un ecosistema más amplio. Europa enseñó que obligar la apertura de datos desdibuja los monopolios y fomenta la competencia. En Latinoamérica, Brasil lidera con un modelo integral que incluye seguros e inversiones, donde cooperativas como Sicredi han ganado gran cuota de mercado. En Colombia, regulaciones como el decreto 1297 exigen armonizar la innovación con la estricta protección de datos personales.

Ahora, con el decreto 0368 de 2026, Colombia da el paso definitivo hacia un sistema obligatorio donde las entidades vigiladas tendrán un plazo máximo de doce meses para habilitar el acceso a los datos una vez se expidan los estándares técnicos.

7. Retos, riesgos y consideraciones estratégicas para la junta directiva

Los órganos de gobierno corporativo deben liderar la planeación y mitigación de los siguientes factores tecnológicos y operativos:

  1. Confiabilidad de las API (interfaces de programación de aplicaciones) y modernización: mejorar la calidad, escalabilidad y consistencia de las API (interfaces de programación de aplicaciones) es urgente. Las cooperativas necesitan modernizar sus sistemas legacy (heredados) e integrar soluciones de inteligencia
  2. Seguridad desde el diseño: es imperativo invertir en arquitecturas que prioricen la seguridad desde su concepción, garantizando que el ecosistema abierto sea resistente a ataques cibernéticos. La normativa exige implementar protocolos automáticos que funcionen a partir de interfaces estandarizadas y seguras.
  3. Transformación cultural y desarrollo de talento: exige perfiles técnicos modernos, científicos de datos y una cultura enfocada en solucionar necesidades basándose en datos, no solo en colocar
  4. Cumplimiento normativo estricto: las áreas de auditoría deben asegurar que todos los flujos de datos estén respaldados por el consentimiento explícito y trazable del
  5. El riesgo estratégico de la inacción: el mayor riesgo es quedarse al margen mientras la competencia Las entidades que actúen como proveedores o receptores de datos deberán inscribirse obligatoriamente en el directorio de participantes administrado por la Superintendencia Financiera de Colombia.

 

8. Conclusión y los 5 imperativos finales para el sector solidario

Las Finanzas Abiertas representan la consagración definitiva del derecho del individuo sobre sus propios datos financieros, alineándose perfectamente con la vocación social y equitativa del sector solidario. Para materializar este potencial, las entidades deben adoptar los siguientes cinco imperativos estratégicos:

  • Acelerar el ritmo: implementar casos de uso rápidamente para aprovechar las oportunidades del mercado antes que los competidores.
  • Ganar el consentimiento: demostrar el valor personal al asociado, garantizando un manejo seguro y controlado por él
  • Elegir bien a los socios: buscar aliados estratégicos con productos innovadores, escalables y con seguridad hermética.
  • Mejorar la conveniencia: no escatimar esfuerzos en la personalización y en facilitar la vida del asociado, ya que la intolerancia a la fricción es
  • Asegurar la tecnología: garantizar que las API (interfaces de programación de aplicaciones) y sistemas core (principales) cumplan con las demandas más estrictas de disponibilidad y ciberseguridad.

Se recomienda a las juntas directivas y gerencias diseñar de inmediato una hoja de ruta clara que posicione a su organización a la vanguardia de un futuro financiero inevitablemente abierto, digital y solidario.

 

Autora: Liliana Pantoja, Consultora Especialista en Finanzas Abiertas

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Más allá de la tecnología: Cómo las finanzas abiertas transformarán el sector solidario

En nuestra entrega anterior, exploramos cómo la verdadera transformación digital del sector solidario no consiste simplemente en adquirir tecnología, sino en evolucionar nuestro modelo de negocio para honrar nuestra promesa de inclusión. Hablamos de la adquirencia solidaria, el scoring (puntuación) alternativo y cómo el Open Finance (finanzas abiertas) representaba una oportunidad sin precedentes.

Hoy, esa oportunidad ha dejado de ser una visión de futuro para convertirse en una realidad normativa y estructural. Con la reciente expedición del Decreto 0368 del 07 de abril de 2026, el Gobierno Nacional ha trazado la arquitectura legal definitiva para el sistema de finanzas abiertas en Colombia.

Para los gerentes y directivos de cooperativas, fondos de empleados y mutuales, comprender las implicaciones operativas, tecnológicas y de negocio de este decreto es el paso definitivo para garantizar la sostenibilidad y el liderazgo en la próxima década.

El Decreto 0368 de 2026 nos invita a transformarnos, abandonando los silos aislados e integrando al sector en un ecosistema interconectado. Esta norma transforma el esquema de datos financieros, pasando de un modelo tradicional donde la información permanecía cautiva en depósitos aislados, a un nuevo estándar de infraestructura nacional interconectada. Esta transición se fundamenta en un mandato de obligatoriedad derivado del Plan Nacional de Desarrollo (Ley 2294 de 2023).

 

El mapa de actores: Entender las reglas del juego

Sin embargo, como mencionamos en nuestro artículo anterior, es vital entender el mapa de actores y roles para capitalizar esta normativa. La gran ventaja estratégica radica en dónde se ubica nuestro sector:

  • Proveedores de datos: Es decir, las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC), como los bancos tradicionales, o en el caso del sector solidario, las cooperativas financieras, ya que estas, al igual que los bancos, están autorizadas para adelantar actividad financiera y captar ahorro de Este tipo de organizaciones están en la obligación estricta de brindar acceso y suministrar los datos personales comprendidos en el sistema.
  • El titular: Es decir, la persona natural o jurídica dueña absoluta de sus datos, quien autoriza y controla su uso de forma previa, expresa e informada.
  • Tercero receptor no vigilado: Aquí se ubica la gran mayoría de las entidades del sector solidario (vigiladas por la Supersolidaria). Esta premisa tiene un sólido sustento legal en el Decreto 0368. Por un lado, estas entidades no están obligadas a entregar su información porque el mandato de obligatoriedad recae exclusivamente sobre los proveedores de Al ser un tercero receptor de datos no vigilado (definido en la norma como una persona jurídica no vigilada por la SFC), la imposición de suministrar datos obligatoriamente no aplica para ellas.
  • Por otro lado, sí pueden recibir la información de la banca Esto se fundamenta explícitamente en el artículo 2.35.8.6.1, correspondiente al capítulo de esquemas voluntarios, el cual establece que los proveedores de datos podrán dar acceso y suministrar la información a terceros receptores de datos no vigilados. En la práctica, esto significa que las cooperativas y fondos de empleados pueden actuar como receptores mediante acuerdos voluntarios, beneficiándose de la inteligencia del ecosistema interconectado sin tener la exigencia legal de compartir de manera recíproca o forzada sus propios datos.

 

Las salvaguardas del sistema

Ahora bien, para que un proveedor de datos haga efectiva la entrega de información bajo el marco del Decreto 0368 de 2026, no basta con la simple solicitud de un tercero; deben cumplirse condiciones y salvaguardas estrictas que garantizan la seguridad y el equilibrio del sistema:

  • El mandato de obligatoriedad: El primer disparador es legal. El artículo 2.35.8.2.3 establece que los establecimientos de crédito y otras entidades vigiladas tienen la obligación imperativa de brindar acceso a los datos personales en el sistema de finanzas abiertas.
  • La doble verificación del consentimiento: Para proteger la integridad del proceso, el banco no solo debe recibir la autorización que el titular le dio al receptor, sino que tiene el deber de realizar una confirmación directa con su cliente. En este paso, el banco debe facultar al titular para autorizar o denegar el suministro de los datos antes de que cualquier bit de información circule.
  • Estándares técnicos y de seguridad: La información no se entrega de cualquier manera. Los bancos deben implementar protocolos de intercambio automático mediante APIs (interfaces de programación de aplicaciones) que cumplan con los estándares de arquitectura, seguridad y tecnología definidos por la Superintendencia Financiera de Además, deben usar mecanismos fuertes de autenticación para validar la identidad del titular en cada acción.
  • Igualdad y no discriminación: El banco debe garantizar que el acceso se realice en igualdad de condiciones para todos los participantes que cumplan los requisitos, evitando restricciones injustificadas a receptores que estén debidamente inscritos en el directorio de la SFC.

 

Los requisitos para conectar a su entidad

Para que una cooperativa o fondo de empleados (tercero receptor no vigilado) pueda conectarse a los proveedores de datos, el decreto establece que se deben construir tres soportes técnicos y legales fundamentales:

  1. Políticas claras: Procedimientos objetivos y verificables para la vinculación, sin trato
  2. Gestión de riesgo: Cumplimiento estricto en materia de prevención de lavado de activos y ciberseguridad, alineados con la Circular Externa 006 de 2025 de la SFC.
  3. Trazabilidad: Documentación rigurosa de cada solicitud a disposición de las

Sabemos que dar este salto tecnológico es un reto, pero las reglas son claras: Además, el intercambio no se hará mediante correos o archivos planos. El vehículo exigido por la ley son las APIs (interfaces de programación de aplicaciones), las cuales deben ser automáticas, expeditas, seguras y estandarizadas.

¿Por qué participar? Beneficios y casos de uso

Integrarse al ecosistema de finanzas abiertas es la llave maestra para nivelar el campo de juego frente a la banca tradicional. Al recibir los datos bancarios de su asociado (con su autorización previa), usted puede ejecutar casos de uso verdaderamente transformadores:

  • Scoring (puntuación) enriquecido y microcrédito inmediato: Ya no dependerá solo del historial interno o de las centrales de riesgo tradicionales. Al ver en tiempo real los ingresos, gastos y liquidez del asociado en sus cuentas bancarias, puede aprobar créditos de manera instantánea y con un riesgo significativamente menor.
  • Prevención de fugas y retención activa: Si detecta a través de los datos transaccionales que su asociado está pagando un crédito costoso en un banco tradicional, su cooperativa puede adelantarse y ofrecerle una compra de cartera con mejores tasas, demostrando el verdadero valor solidario.
  • Diseño de productos hiper-personalizados: Conocer los hábitos de consumo externos de sus asociados le permite crear líneas de crédito específicas (educación, mejoras de vivienda, emprendimiento) que respondan a sus momentos de vida exactos, aumentando la colocación de cartera.

 

El costo de la inacción: Una amenaza a la sostenibilidad

Decidir no conectarse al sistema de finanzas abiertas, creyendo que así se protege a la base social, desencadenará consecuencias críticas para la sostenibilidad de la entidad:

  • Asimetría de la información y selección adversa: Si usted no consulta la data abierta, seguirá aprobando créditos a ciegas. Los bancos, que sí usarán toda la tecnología disponible, filtrarán a los mejores perfiles (sus asociados más cumplidos). Como resultado, su entidad terminará concentrando a los asociados más riesgosos que la banca tradicional rechaza.
  • Pérdida de competitividad por fricción: En un mundo donde los créditos se aprueban en tres clics desde el celular, obligar a su asociado a llevar desprendibles de pago, extractos bancarios físicos y certificados laborales lo empujará directamente a los brazos de la competencia y de las empresas de tecnología financiera.
  • Desconocimiento del asociado: Sin la visión integral que otorgan las finanzas abiertas, su cooperativa solo conocerá una fracción diminuta de la vida financiera de su asociado (sus aportes y su crédito interno). Es imposible ser verdaderamente incluyente y solidario si no se conoce la realidad económica integral de quien se busca proteger.

 

¿Qué datos están en juego y cómo se protegen?

El Decreto 0368 es claro sobre la información que circula en este ecosistema. El alcance abarca tres categorías principales:

  1. Productos y servicios: Incluye saldos y, de manera crucial, el historial transaccional de los últimos doce meses de cuentas de depósito, crédito e inversión.
  2. Vinculación: Información recolectada para el KYC (conoce a tu cliente).
  3. Características de productos: Información general para facilitar la comparación en el mercado.

Excepción crítica: La información generada a partir del análisis interno de la entidad, como los modelos de scoring (puntuación) propios, no hace parte del sistema sin una autorización adicional.

Para garantizar el pilar de la seguridad y los derechos del titular, el sistema exige una doble verificación. Cuando su cooperativa (receptor) solicita acceso con un fin específico, el banco (proveedor de datos) tiene la obligación de contactar directamente a su cliente (el titular) para reconfirmar la intención de compartir los datos antes de transmitir cualquier información.

 

Monetización y crecimiento estratégico

Y si, por el contrario, su entidad decide dar el paso y participar activamente, los beneficios que podría experimentar van mucho más allá de la simple mitigación de riesgos. Integrarse al sistema de finanzas abiertas no es solo un movimiento de cumplimiento normativo; es una estrategia de crecimiento recurrente que transforma su modelo operativo.

Al convertir los datos en inteligencia, las entidades solidarias pueden acceder a múltiples modelos de monetización y casos de uso prácticos:

  • Mercadeo eficiente y clonación: Utilizar la analítica para retener asociados evaluando su ciclo de vida y su RFM (recencia, frecuencia, valor monetario) y generar campañas de venta cruzada altamente efectivas.
  • Microcrédito automatizado: Tomar decisiones de crédito rápidas y con bajo riesgo usando los datos transaccionales del socio obtenidos vía Open Finance (finanzas abiertas).
  • Incorporación digital: Verificar la identidad de un nuevo asociado en línea en minutos, reduciendo costos operativos y papeleo.
  • Alianzas estratégicas e ingresos compartidos: Ofrecer seguros o créditos propios dentro de plataformas de terceros, generando comisiones.

Adicionalmente, el decreto establece una regla clara sobre los costos tecnológicos para quienes decidan conectarse: los proveedores de datos solo podrán cobrar por recuperar costos directos de la infraestructura API (interfaces de programación de aplicaciones), basados en el volumen de uso. Está absolutamente prohibido cobrar por la información misma, ya que los datos pertenecen al titular.

 

Próximos pasos: Prepare a su entidad

El reloj regulatorio ya está en marcha y los plazos son claros. Según el Decreto 0368 de 2026, la Superintendencia Financiera de Colombia dispone de un plazo máximo de seis meses para publicar el cronograma de expedición de los estándares técnicos. Asimismo, el directorio de participantes, es decir, la herramienta que permitirá identificar quién es quién en este ecosistema, deberá estar en funcionamiento en un máximo de doce meses.

La arquitectura tecnológica y legal ya está definida; hemos pasado de silos aislados a un ecosistema interconectado. Sin embargo, la oportunidad no se captura por decreto, sino por preparación. Para que una entidad solidaria logre transformar esta normativa en una ventaja competitiva, debe fortalecer tres pilares fundamentales:

  • Talento: La gestión de finanzas abiertas requiere equipos con una nueva mentalidad, capaces de navegar entre la regulación financiera, la gestión de riesgos digitales y la visión comercial basada en datos.
  • Tecnología: La infraestructura debe evolucionar hacia el modelo exigido por la ley: protocolos de intercambio automático mediante APIs (interfaces de programación de aplicaciones) que cumplan con estándares estrictos de arquitectura, interoperabilidad y seguridad. Esto incluye implementar mecanismos fuertes de autenticación y medidas de ciberseguridad robustas para garantizar la total confidencialidad de la información.
  • Capacidades de analítica de datos: El valor no reside en tener los datos, sino en saber qué Desarrollar capacidades analíticas permite convertir el flujo de información en inteligencia accionable, permitiendo que la entidad pase de ser un espectador a un protagonista del bienestar financiero de sus asociados.

 

Trazando juntos su hoja de ruta

La verdadera transformación digital no tiene por qué ser un desafío que enfrente en solitario. Entendemos que en el sector solidario no existen soluciones de talla única; la hoja de ruta de cada entidad es diferente y depende de su realidad tecnológica, su categoría y su nivel de madurez digital.

No somos espectadores del cambio regulatorio; somos parte activa de su diseño. Hoy, el Programa de Transformación Digital de la Red Coopcentral tiene asiento directo en las mesas técnicas oficiales lideradas por la Unidad de Regulación Financiera (URF), con el acompañamiento del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y la Unión Europea, donde se está construyendo y debatiendo la política pública específica de Open Solidario (datos abiertos solidarios).

Conocer desde la fuente primaria la arquitectura normativa y comprender a fondo los desafíos reales de madurez digital de nuestras organizaciones nos otorga una ventaja estratégica incomparable.

Nuestro programa está completamente preparado para brindarle a su entidad el apoyo, la hoja de ruta clara y la consultoría experta necesaria para que logre sacar el mayor provecho de esta gran oportunidad histórica sin improvisaciones, protegiendo a su base social y liderando con firmeza el ecosistema financiero del futuro.

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La evolución del crédito con aval de la Supersolidaria

La verdadera transformación digital solidaria no se trata de adquirir herramientas tecnológicas de manera desarticulada, sino de evolucionar el modelo de negocio respetando los principios de la economía solidaria.

Históricamente, el cooperativismo y las organizaciones solidarias han tenido un propósito claro y fundamental: llevar bienestar, inclusión y oportunidades a aquellas personas y comunidades que tradicionalmente fueron ignoradas por el sistema financiero convencional.

Hoy nos encontramos ante un momento histórico que nos permite potenciar esta vocación social mediante la tecnología y la información. Desarrollar nuevas capacidades operativas como el análisis profundo de datos, la interoperabilidad y el procesamiento de pagos ya no es un lujo, es una necesidad estratégica.

Para muchas entidades, la avalancha de regulaciones y términos técnicos puede generar incertidumbre. Por ello, este artículo tiene un propósito didáctico y consultivo: desglosar cómo la combinación estratégica de las finanzas abiertas (Open Finance), la adquirencia solidaria y la puntuación de riesgo alternativa (Scoring) conforman el ecosistema perfecto para modernizar el crédito, mitigar el riesgo y honrar la promesa de valor cooperativa.

 

Finanzas abiertas: Una oportunidad, no una obligación general

El primer paso estructural para asumir estos retos es comprender la magnitud y el impacto real del Decreto 0368 de 2026. Esta normativa define el sistema de finanzas abiertas como el conjunto de autoridades, normas, estándares, infraestructuras y participantes que interactúan entre sí para permitir el acceso y suministro estandarizado de datos personales y financieros.

El principio fundamental de este esquema es devolverle el poder a las personas; es decir, reconocer que el usuario es el dueño absoluto de su información.

Respecto a la aplicación de este decreto en el sector solidario, es necesario hacer una precisión importante: el alcance y la obligatoriedad varían drásticamente según el ente de supervisión:

  • Entidades obligadas a compartir datos: Únicamente los establecimientos de crédito y las cooperativas financieras vigiladas por la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) entran en la obligatoriedad total de brindar acceso y suministrar los datos de sus clientes al sistema. Estas entidades tienen plazos técnicos estrictos para implementar las interfaces de programación de aplicaciones (APIs) necesarias.
  • Entidades beneficiadas: Las cooperativas de ahorro y crédito, multiactivas, fondos de empleados y mutuales vigiladas por la Supersolidaria no están obligadas a entregar sus datos. Su rol es sumamente ventajoso: una entidad solidaria puede actuar como un tercero receptor de datos no vigilado y, previa autorización de su asociado, solicitar a la banca tradicional el historial transaccional de sus depósitos a la vista (por ejemplo, de los últimos doce meses).

 

La adquirencia solidaria: Qué es, casos de uso y oportunidades

Entender el comportamiento externo del asociado a través de las finanzas abiertas es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad se construye desde adentro mediante la adquirencia solidaria.

¿Qué es la adquirencia? Significa facultar a la entidad para procesar pagos. Consiste en entregar herramientas tecnológicas a los asociados para que puedan recibir pagos electrónicos, permitiendo que comerciantes, tenderos y emprendedores vendan sus productos a través de medios digitales bajo el respaldo de su propia organización solidaria.

 

Casos de uso en el sector solidario:

  • El tendero de barrio: Un asociado dueño de un minimercado que recibe pagos de sus clientes mediante un código QR interoperable proveído por su cooperativa.
  • El microempresario: Un confeccionista o productor agrícola que utiliza un datáfono móvil entregado por su fondo de empleados para cobrar por sus ventas en ferias o entregas a domicilio.

 

Implementar servicios de adquirencia genera un impacto transformador:

  • Fidelización profunda: Convierte a la entidad en un aliado tecnológico fundamental para el día a día del negocio del asociado.
  • Retención de liquidez: Aumenta la liquidez de la entidad al mantener los fondos transados dentro del ecosistema solidario.
  • Nuevas fuentes de ingreso: Genera ingresos por las comisiones derivadas del procesamiento de pagos.
  • Captura de datos en tiempo real: Permite a la entidad conocer el flujo de caja exacto y las ventas diarias del asociado, información vital que antes era invisible o dependía de declaraciones verbales.

 

El puente vital: Desarrollo de capacidades analíticas de datos

Capturar miles de transacciones diarias a través de la adquirencia no tiene valor por sí solo si la entidad no cuenta con la infraestructura para interpretar esa información. Es aquí donde el desarrollo de las capacidades analíticas de datos se vuelve el puente indispensable entre procesar pagos y otorgar créditos.

Para aprovechar los datos que genera la adquirencia y el volumen de información que traen las finanzas abiertas, las organizaciones solidarias deben evolucionar para ser impulsadas por datos (Data-Driven). Desarrollar capacidades analíticas implica implementar políticas de calidad de información, infraestructura de almacenamiento moderna y herramientas que permitan limpiar y estructurar grandes volúmenes de datos.

Solo a través de una sólida capacidad analítica interna, la entidad puede identificar patrones y predecir el comportamiento del flujo de caja de un microempresario, transformando datos crudos en inteligencia de negocios accionable.

 

Puntuación de riesgo alternativa 

Aquí es donde la estrategia converge con la reciente habilitación de la Supersolidaria para el uso de modelos de puntuación de riesgo alternativo en las entidades de ahorro y crédito.

Históricamente, el sector ha tenido que evaluar el riesgo basándose únicamente en información interna disponible o en reportes de centrales de riesgo tradicionales, los cuales muchas veces no reflejan la verdadera capacidad de pago de los trabajadores independientes o de los microempresarios de la economía popular.

Hoy, gracias a las capacidades analíticas desarrolladas, la entidad puede integrar los datos internos (el flujo de caja capturado por la adquirencia) con la información proveniente del ecosistema abierto (historial bancario). Al integrar estos mundos, podemos transformar los comportamientos comerciales y de consumo en perfiles de riesgo altamente precisos.

Esto reduce significativamente la cartera vencida y permite incluir financieramente a miles de personas que el sistema bancario tradicional considera invisibles. Sumado a esto, se habilita el camino para las finanzas embebidas (Embedded Finance), donde se puede ofrecer un microcrédito o un seguro exactamente en el momento en que el asociado está realizando una transacción en su comercio.

 

Una hoja de ruta consultiva según la madurez de la entidad

Adoptar estas innovaciones no es un proceso que deba hacerse de la noche a la mañana ni de la misma forma para todas las organizaciones. Reconociendo la diversidad del sector, es necesario un camino de evolución gradual:

Cooperativas de Ahorro y Crédito y Mutuales

  • Categoría Básica: Para las cooperativas que dan sus primeros pasos hacia la modernización, el enfoque es fundacional. El objetivo aquí es organizar la casa, cumpliendo los requerimientos normativos iniciales y diseñando una política de transformación digital sólida. En este nivel, están exentas de cumplir con regulaciones complejas de interoperabilidad abierta o adquirencia directa, lo que permite orientar las inversiones eficientemente sin sobrecargas operativas.
  • Categoría Intermedia: A medida que crecen y demandan agilidad, avanzan hacia la interoperabilidad intersectorial preparándose para proveer canales de servicio no presenciales. El reto principal es asegurar que el gobierno de datos y la infraestructura tecnológica se alineen con altos estándares de ciberseguridad antes de conectarse al exterior.
  • Categoría Plena: Para las cooperativas de mayor tamaño, es vital aclarar que, a la luz del Decreto 0368 de 2026, su integración al ecosistema de finanzas abiertas sigue siendo estrictamente voluntaria, ya que la obligatoriedad de compartir datos recae exclusivamente sobre las entidades vigiladas por la Superfinanciera. Sin embargo, al ser las candidatas naturales para actuar bajo la figura de terceros receptores de datos , su hoja de ruta cambia. Para que la banca tradicional no les rechace o restrinja la conexión amparándose en los estrictos requerimientos de interoperabilidad y ciberseguridad que les exige la Circular Externa 001 de 2026 de la SFC, estas cooperativas deben blindar proactivamente su infraestructura técnica. Esto implica llevar la gestión de sus modelos de riesgo (SARLAFT, SARC y SARO), estipulados en la Circular Básica Contable y Financiera y la Circular Básica Jurídica de la Supersolidaria, al mismo nivel de exigencia que hoy demanda el mercado financiero abierto.

 

Fondos de Empleados

Al igual que las cooperativas, los fondos de empleados tienen la gran oportunidad de actuar como receptores de información para mejorar radicalmente los beneficios y créditos de su base social. Sin embargo, su camino de madurez tiene un enfoque particular:

 

  • Categoría Básica e Intermedia: La principal duda suele ser si deben apresurarse hacia las finanzas abiertas. La respuesta es no. Su enfoque inicial debe ser la digitalización operativa: garantizar canales no presenciales seguros y lograr una integración impecable con los sistemas de nómina de sus empresas patronales. El desarrollo analítico debe enfocarse primero en limpiar y organizar esta información interna.
  • Categoría Plena: Los fondos que manejan un alto volumen transaccional y están sujetos a un mayor rigor normativo ya deben contar con estándares modernos. Para ellos, la hoja de ruta indica que están listos para integrarse al modelo de finanzas abiertas. Si logran unificar sus fuentes de datos (la nómina interna + el historial bancario externo) y garantizan que sus operaciones digitales sean invulnerables, podrán perfilar de manera exacta a sus asociados y ofrecer soluciones financieras hiperpersonalizadas.

 

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El horizonte de las finanzas abiertas: un camino de prosperidad compartida para el sector solidario

Desde nuestros orígenes, el cooperativismo y las organizaciones solidarias han tenido un propósito claro y fundamental: llevar bienestar, inclusión y oportunidades a aquellas personas y comunidades que tradicionalmente fueron ignoradas por el sistema financiero convencional.

Nuestra esencia se basa en la ayuda mutua, en entender las realidades de nuestros asociados y en construir soluciones que mejoren su calidad de vida. Hoy, nos encontramos ante un momento histórico que nos permite potenciar esta vocación social mediante la tecnología y la información. Este nuevo escenario está marcado por la llegada de un modelo transformador que cambiará la forma en que interactuamos con nuestros asociados y con el mercado.

 

Para comprender la magnitud de este cambio, es necesario explicar en qué consiste el sistema de finanzas abiertas. De acuerdo con el reciente Decreto 0368 de 2026, el sistema de finanzas abiertas se define como el conjunto de autoridades, normas, estándares, infraestructuras y participantes que interactúan entre sí para permitir el acceso y suministro estandarizado de datos personales y financieros. El principio fundamental de este esquema es devolverle el poder a las personas; es decir, reconocer que el usuario es el dueño absoluto de su información y que su circulación requiere una autorización previa, expresa e informada.

 

En la práctica, esto significa que la historia financiera de una persona, sus hábitos de pago y el comportamiento de sus productos ya no son propiedad exclusiva de la entidad que los administra, sino que el titular puede decidir compartir esa información con terceros para acceder a mejores servicios. Este modelo ha sido diseñado por el Gobierno nacional como un paso firme hacia la construcción de un esquema de datos abiertos que promueva la inclusión financiera y crediticia de la población tradicionalmente excluida.

 

Los beneficios de esta apertura normativa y tecnológica para el sector solidario son inmensos y profundamente alineados con nuestra misión. Históricamente, las cooperativas, fondos de empleados y asociaciones mutuales han tenido que evaluar el riesgo de sus asociados basándose únicamente en la información interna disponible o en reportes de centrales de riesgo tradicionales, los cuales muchas veces no reflejan la verdadera capacidad de pago de los trabajadores independientes o de los microempresarios de la economía popular.

 

Con el nuevo marco normativo, se consagra el principio de trato no discriminatorio, garantizando que el acceso y suministro de datos se realice en igualdad de condiciones para todos los participantes del sistema. Esto se traduce en una ventaja competitiva sin precedentes: una entidad solidaria puede actuar como un tercero receptor de datos no vigilado y, previa autorización de su asociado, solicitar a la banca tradicional el historial transaccional de los depósitos a la vista de los últimos doce meses.

 

Al acceder a esta riqueza de información, podemos conocer el verdadero comportamiento de ingresos y gastos de nuestros asociados, lo que nos permite ofrecer tasas de interés más justas, aprobar créditos que antes hubiéramos negado por falta de información y diseñar productos verdaderamente personalizados. Las finanzas abiertas nivelan el terreno de juego, permitiéndonos competir con mejores herramientas y un conocimiento profundo de nuestra base social.

 

Sin embargo, adoptar estas innovaciones no es un proceso que deba hacerse de la noche a la mañana ni de la misma forma para todas las organizaciones. Reconociendo la diversidad de tamaños y capacidades dentro de nuestro sector, hemos estructurado un camino de evolución gradual clasificado en tres categorías fundamentales, asegurando que cada entidad avance a un ritmo seguro y acorde a su realidad operativa.

 

Para las entidades en la categoría básica, el enfoque es eminentemente fundacional. Sabemos que muchas organizaciones están dando sus primeros pasos hacia la modernización.

En esta etapa, el esfuerzo se concentra en la organización interna, el control básico de los proveedores tecnológicos y la preparación orgánica para el futuro. El objetivo aquí es consolidar la casa, dando cumplimiento a los requerimientos normativos iniciales y diseñando una política de transformación digital sólida y coherente. En este nivel, las entidades están exentas de cumplir con las complejas regulaciones de interoperabilidad abierta o adquirencia directa, lo que permite orientar las inversiones de manera eficiente sin sobrecargar la estructura operativa con exigencias que legalmente aún no les corresponden.

 

A medida que las organizaciones crecen y su base social demanda mayor agilidad, avanzamos hacia la categoría intermedia. En este punto, el horizonte se amplía hacia la interoperabilidad intersectorial y la digitalización operativa. La hoja de ruta prepara a la entidad para proveer canales de servicio no presenciales y facilitar el intercambio seguro de fondos con otras organizaciones del sector. Aunque todavía no se asume el rigor extremo de una conexión directa a los sistemas de pago de la banca tradicional, se asegura que la infraestructura tecnológica y la gobernanza institucional se alineen con los altos estándares de ciberseguridad necesarios para proteger la información de los asociados durante su experiencia digital.

 

Finalmente, para las organizaciones de mayor tamaño y complejidad, llegamos a la categoría plena. Aquí, el marco regulatorio aplica con su máximo rigor. Las entidades asumen el reto de soportar un ecosistema financiero digital completamente abierto, gestionando transacciones masivas y conectándose directamente con redes bancarias e infraestructuras de pago. Las cooperativas financieras vigiladas por la Superintendencia Financiera de Colombia entran en la obligatoriedad total de brindar acceso y suministrar los datos de sus clientes al sistema. En esta categoría, la consultoría garantiza que los controles de riesgo, la escalabilidad tecnológica y los protocolos de intercambio automático de información funcionen de manera impecable para interactuar con todo el sistema financiero nacional.

 

Es a partir de esta preparación escalonada que se abren verdaderas oportunidades de crecimiento y consolidación para nuestras organizaciones. La información estructurada y gobernada deja de ser un simple requisito normativo para convertirse en un motor de desarrollo. Una de las mayores oportunidades radica en la implementación de modelos de Scoring alternativo (Puntuación de riesgo alternativa). Al integrar los datos internos con la información proveniente del ecosistema abierto, podemos transformar los comportamientos comerciales y de consumo en perfiles de riesgo altamente precisos. Esto reduce significativamente la cartera vencida y nos permite incluir financieramente a miles de personas que el sistema bancario tradicional considera invisibles.

 

Otra oportunidad transformadora es la adquirencia solidaria. Esto significa facultar a la cooperativa para procesar pagos, permitiendo que sus asociados comerciantes, tenderos

y emprendedores puedan vender sus productos a través de medios digitales bajo el respaldo de su propia entidad solidaria. Esta capacidad genera nuevas fuentes de ingresos por comisiones, aumenta la liquidez de la organización al mantener los fondos en el ecosistema solidario y fideliza al asociado al convertir a la cooperativa en un aliado tecnológico fundamental para su negocio. Sumado a esto, se habilita el camino para las Embedded finance (Finanzas embebidas), donde podemos ofrecer un microcrédito o un seguro exactamente en el momento en que el asociado está realizando una transacción en su comercio, creando una experiencia de servicio invisible, oportuna y profundamente útil.

 

Todas estas innovaciones, desde la calidad de los datos hasta la apertura de canales, tienen como propósito final la personalización y el bienestar. Entender los momentos de vida de nuestros asociados nos faculta para ofrecerles soluciones de ahorro, crédito e inversión que realmente respondan a sus necesidades familiares y productivas, honrando nuestra promesa de valor cooperativa.

Sabemos que enfrentar estos cambios tecnológicos y normativos puede generar incertidumbre, pero es un camino que no deben recorrer en solitario. La verdadera transformación digital no se trata de adquirir herramientas tecnológicas de manera desarticulada, sino de evolucionar nuestro modelo de negocio respetando los principios de la economía solidaria. Por eso, hemos diseñado una ruta coherente, segura y estructurada que protege su patrimonio y garantiza su competitividad en los años venideros.

 

El camino de la transformación digital no es una carrera tecnológica, sino una profunda evolución de nuestro propósito solidario. Cada paso que damos hacia la modernización es, en esencia, una nueva puerta que abrimos para potenciar el bienestar y mejorar la calidad de vida de las familias que confían en nosotros.

Hoy, más que nunca, tenemos motivos genuinos para alegrarnos. Las herramientas actuales y los modelos de Open Finance – Finanzas Abiertas nos entregan el poder de conocer, proteger y servir a nuestros asociados con una cercanía y una precisión que antes parecían inalcanzables. El futuro no representa una amenaza para el cooperativismo, sino el escenario ideal para demostrar al mundo que la eficiencia operativa y la humanidad pueden, y deben, ir siempre de la mano.

 

Los invitamos a seguir creciendo con entusiasmo, a abrazar la innovación con optimismo y a perderle el miedo al cambio. Sigamos evolucionando juntos, construyendo organizaciones más fuertes, resilientes y profundamente conectadas con las realidades y los sueños de nuestra base social.

Sentémonos a conversar, a compartir visiones y a diseñar mapas de ruta que respeten la identidad única de su entidad mientras la preparan para los retos del mañana. Cuenten con toda nuestra experiencia, nuestra empatía y nuestro ecosistema para acompañarlos, orientarlos y respaldarlos en cada etapa de esta hermosa transición. ¡El futuro es colaborativo, y estamos completamente listos para caminarlo a su lado!

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El Espejismo del Tablero Mágico: Por qué el Gobierno de Datos es el Verdadero Motor de Crecimiento en el Sector Solidario

Hace poco, conversando sobre transformación digital con un gran líder de nuestro sector cooperativo y solidario en Colombia, me enfrenté a una afirmación tan sincera como reveladora. Al hablar sobre la necesidad de implementar un gobierno de datos, me respondió con una inquietud muy válida desde su posición de gerente:

«¿Para qué gobierno de datos? Al final, los datos son los mismos con gobierno y sin gobierno. Lo que yo necesito ya mismo son tableros de información y soluciones analíticas que me permitan transformar el negocio, colocar más créditos y fidelizar a nuestros asociados».

Esa frase encapsula el deseo de todo líder visionario: resultados, agilidad y crecimiento. Es natural querer saltar directamente a la recompensa (los tableros, las predicciones, el aumento en la colocación de cartera). Sin embargo, la premisa de que «los datos son los mismos» esconde el mayor riesgo estratégico que puede enfrentar una entidad financiera en la era digital.

Imaginemos por un momento la bóveda de nuestra cooperativa. El dinero es dinero, sí. Pero no es lo mismo tener los billetes tirados en el suelo, sin clasificar, mezclados con papel moneda falso y sin un registro de quién los depositó, que tenerlos organizados, verificados, contabilizados y listos para ser invertidos. Con los datos ocurre exactamente lo mismo: un dato sin gobierno es un riesgo; un dato con gobierno es el activo más valioso de su entidad.

 

Construir tableros de control y desarrollar capacidades de analítica sin un gobierno de datos previo es como construir un rascacielos sobre arena. Si el tablero le indica que debe otorgar un crédito de 50 millones a un asociado basándose en datos duplicados, desactualizados o erróneos, la herramienta analítica no está transformando su negocio; está acelerando sus pérdidas. Las verdaderas capacidades analíticas; esas que fidelizan y rentabilizan, arrancan, ineludiblemente, en el gobierno de datos.

Definiendo el Norte: ¿Qué es el Gobierno y la Arquitectura de Datos?

Para entender por qué no podemos saltarnos este paso, debemos desmitificar los conceptos técnicos y llevarlos a la realidad de nuestra gestión gerencial.

En términos prácticos, el Gobierno de Datos es la planificación, la supervisión y el control exhaustivo de la gestión de los datos y de la
utilización de todos los recursos relacionados con ellos. No es un simple manual de TI; es un mandato gerencial. Es establecer quién es el dueño de cada dato, cómo se cuida, quién puede acceder a él y qué nivel de calidad debe tener para ser útil. Por su parte, la Arquitectura de Datos es la estructura general de esos datos y sus recursos. Es el plano maestro de la casa. Esta arquitectura es una pieza importantísima y fundamental de la arquitectura empresarial de la cooperativa. Sin ella, los sistemas no se hablan entre sí y los esfuerzos se diluyen.

Cuando los consultores hablamos de gobierno de datos, nos referimos a un ecosistema robusto e integral que sostiene la transformación digital. Hablamos de gobierno, arquitectura, modelado, almacenamiento, seguridad, integración, interoperabilidad, gestión de documentos y contenido, datos maestros y de referencia, Data Warehouse (almacén de datos), Business Intelligence (inteligencia de negocios), seguridad de la información y, por supuesto, la gestión de metadatos y la calidad de los datos.

Puede sonar abrumador, pero todos estos elementos trabajan en conjunto con un solo fin: garantizar que cuando usted mire su tablero de analítica, esté viendo la verdad absoluta de su cooperativa.

El Ciclo de Vida de los Datos: Su Motor de Innovación

Para que su entidad pueda colocar más créditos y fidelizar mejor, debe entender que los datos ya no son registros estáticos (un nombre o un saldo en el core financiero). En la transformación digital, los datos se convierten en un flujo continuo que alimenta el modelo de negocio.

Este flujo, para que sea un verdadero motor de innovación, atraviesa cinco pasos clave dictados y protegidos por el gobierno de datos:

Captura y Unificación: Todo comienza aquí. Se requiere automatización y estandarización de la información desde el momento en que el asociado pisa la agencia o usa la app. El gobierno de datos elimina los silos operativos (esos departamentos que no comparten información entre sí) y garantiza que los datos sean íntegros y confiables desde su misma raíz.

Almacenamiento y Estructuración: Los datos capturados se organizan bajo las reglas de la arquitectura de datos, asegurando que estén disponibles, limpios y listos para ser cruzados.

Reportería y Analítica: Aquí es donde ocurre la magia que usted busca. La transformación digital habilita la toma de decisiones basadas en evidencia. Al transformar datos confiables en hallazgos predictivos, la cooperativa pasa de una postura reactiva (ver qué pasó el mes pasado) a una proactiva (identificar qué asociado necesitará un crédito de vivienda en los próximos seis meses), descubriendo oportunidades de mercado que antes eran invisibles.

Decisión Estratégica: Con la analítica en mano, la gerencia y los equipos comerciales diseñan estrategias personalizadas, precisas y con un riesgo minimizado.

Lanzamiento de Nuevos Productos y Soluciones: Este es el resultado estratégico. La transformación digital culmina en la creación de productos y servicios financieros perfectamente alineados con las necesidades reales y actuales del entorno solidario.

¿Dónde radica la importancia del Gobierno de Datos en todo esto?

En que es el escudo protector de este ciclo. El gobierno de datos blinda todo el proceso, asegurando que el flujo sea seguro, ético y sostenible a lo largo del tiempo. Evita que la innovación sea un esfuerzo aislado de un mes y la convierte en una capacidad constante de la cooperativa.

Las Finanzas Abiertas: La Palanca del Futuro Solidario

Tener la casa en orden con el gobierno de datos nos prepara para una de
las oportunidades más grandes que tiene hoy el sector cooperativo colombiano: las Finanzas Abiertas (Open Finance).

Las finanzas abiertas permiten, con la autorización del asociado, compartir e integrar información financiera entre diferentes entidades. Imagine el poder de conocer no solo el comportamiento de su asociado dentro de su cooperativa, sino sus hábitos de pago, ahorros y necesidades en todo el sistema financiero. Esto es una palanca gigantesca para perfilar mejor, ofrecer créditos con tasas más justas (fieles a nuestra esencia solidaria) y crear una fidelización inquebrantable.

Sin embargo, las finanzas abiertas exigen un nivel de interoperabilidad y seguridad de la información altísimo. Ninguna entidad puede participar en un ecosistema de finanzas abiertas si sus datos internos son un caos. El gobierno de datos es el tiquete de entrada para jugar en las grandes ligas del sistema financiero abierto, permitiéndole a la cooperativa competir de tú a tú con la banca tradicional, pero con el valor agregado del cooperativismo.

El Primer Paso Hacia el Futuro

Estimado gerente, su visión es correcta: la cooperativa necesita soluciones analíticas, necesita tableros que hablen el lenguaje del negocio, necesita colocar más y mejores créditos, y necesita abrazar a sus asociados con ofertas que realmente transformen sus vidas.

Pero para llegar a esa meta, los cimientos deben ser inamovibles. Los datos no son los mismos con y sin gobierno. Un dato sin gobierno es una anécdota dudosa; un dato gobernado es una brújula infalible.

Definir e implementar el gobierno de datos antes de avanzar en compras de software analítico o en tableros mágicos, le ahorrará a su entidad reprocesos millonarios, dolores de cabeza operativos y, lo más importante, protegerá el activo intangible más grande del sector solidario: la confianza de sus asociados. Empecemos a construir desde los cimientos. Transformemos la cooperativa no solo digitalmente, sino desde el corazón mismo de su información.

El Camino Trazado: Un Esfuerzo de Sector

Afortunadamente, este paso hacia la madurez de nuestros datos y procesos no tenemos que darlo a ciegas ni en solitario. Entendiendo la complejidad de este reto, Confecoop y la Red Coopcentral han estructurado el Programa de Transformación Digital para el Sector Solidario.

Esta iniciativa va mucho más allá de una simple actualización tecnológica; es la ruta estratégica dispuesta por nuestro gremio para garantizar que las entidades solidarias no solo sobrevivan, sino que prosperen en la era digital.

La esencia de este programa se resume en una premisa que debería guiar todas nuestras decisiones gerenciales hoy: No es comprar software, es redefinir cómo creamos valor para nuestros asociados.

Para evitar esfuerzos aislados, el programa propone una metodología sólida que combina la Educación y la Construcción conjunta. A través de este acompañamiento, las cooperativas pueden transitar un camino seguro: partiendo de la medición real de su Índice de Madurez Digital (IMD) y un diagnóstico tecnológico profundo , hasta llegar a la creación de políticas claras, modelos de Gobernanza TI y la estructuración del Plan Estratégico de Tecnología (PETI). Es decir, le ayuda a poner en orden la casa desde los cimientos de los que hablábamos.

Implementar el gobierno de datos, automatizar nuestras operaciones y prepararnos para ecosistemas como el de las finanzas abiertas son desafíos monumentales , pero totalmente alcanzables si nos apoyamos en el conocimiento y experiencia de nuestro sector.
Al adoptar esta ruta, la transformación se traduce en beneficios tangibles: se mejora la eficiencia operativa, se habilitan decisiones basadas en datos y, lo más importante, se fomenta una transparencia operativa que fortalece la confianza de nuestros asociados, directivos y entes de supervisión.

Lo invito, desde mi posición como aliado, a que explore este programa diseñado a la medida de nuestra naturaleza solidaria. Es la oportunidad perfecta para gestionar el cambio cultural hacia una mentalidad digital, asegurando que cada dato gobernado y cada tablero analítico sirvan para amplificar nuestro ADN solidario, liberando tiempo para enfocarnos en el bienestar de nuestra base social.

 

Transformemos nuestro sector con visión, estrategia y, sobre todo, con el respaldo de una ruta construida por y para el cooperativismo.

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Cómo la Tecnología, la Confianza y el Propósito Están Redefiniendo las Finanzas Cooperativas

La Conversación Pendiente en el Corazón de la Colaboración

 

Imaginen a Don Rafael, un agricultor que ha confiado sus ahorros a su cooperativa local durante las últimas tres décadas; su relación no se basa en una tasa de interés flotante, sino en la certeza de que su gestor lo conoce por su nombre y entiende los ciclos de su cosecha; durante años, la mayor fortaleza del sector solidario se ha medido en esta cercanía, en esta confianza social tejida a mano en cada oficina.

 

Pero el ecosistema financiero ha cambiado; hoy, Don Rafael no solo escucha sobre la nueva línea de crédito de su cooperativa; también ve cómo un joven vecino gestiona un préstamo en minutos desde una fintech con una interfaz brillante y ágil.

 

Si hay un frente donde el sector solidario está viviendo una revolución real, es el financiero. Las cooperativas de ahorro y crédito, así como los bancos cooperativos, enfrentan una transformación estructural sin precedentes. Hoy ya no compiten solo con otras entidades solidarias, sino con un sistema financiero que avanza más rápido que nunca, más digital, más ágil y, sobre todo, completamente centrado en la experiencia del usuario. En este nuevo contexto, la modernización ha dejado de ser una opción. Se ha convertido en una responsabilidad estratégica ineludible.

 

La Humanización de la Experiencia Digital

Suele caerse en el error de creer que digitalizar es únicamente una tarea de implementación de herramientas: lanzar una aplicación, migrar la contabilidad o automatizar un chatbot. Sin embargo, la verdadera modernización va mucho más allá, tocando la esencia misma de la relación.

El asociado de hoy, sea Don Rafael o un joven profesional, no solo compara tasas de interés; compara experiencias. Compara la facilidad de una transacción, la rapidez de una respuesta, el diseño intuitivo de una plataforma y, fundamentalmente, la calidad del acompañamiento. La pregunta que se hace el asociado es si lo entienden o si simplemente su entidad procesa sus transacciones.

La diferencia entre una transacción fría y un vínculo duradero reside en la capacidad de ofrecer servicios digitales con calidez humana. Y aquí es donde el cooperativismo posee una ventaja natural irremplazable: su ADN solidario.

Este propósito, intrínseco al modelo, debe convertirse en el diferenciador más potente al integrarse con tecnología moderna. La Experiencia Digital no es solo cuestión de tener una app transaccional o un sistema de autoservicio; es una oportunidad para redefinir la relación con el asociado, asegurando que el canal digital sea un puente, y no una barrera, hacia la cooperación.

 

El Viento de la Regulación y el Nuevo Norte Estratégico

La adopción de tecnologías emergentes no solo obedece a la presión del mercado, sino también a un mandato regulatorio claro. En el caso de Colombia, el Decreto 0769 de 2025 marcó un punto de quiebre, abriendo por primera vez las puertas a pagos digitales, transferencias y servicios de adquirencia dentro del sector solidario. Este decreto no es solo un permiso, es una exigencia a la modernización.

Sin embargo, estas nuevas posibilidades conllevan exigencias críticas; la transformación exige fortalecer aspectos que históricamente han sido vistos como meramente operativos y hoy se revelan como esenciales para la supervivencia y la confianza: la Gobernanza Tecnológica, la Ciberseguridad, la Gestión del Riesgo Digital y la Capacidad de Reporte Estratégico.

La transformación, por lo tanto, no es una moda, sino un componente esencial de la regulación (Circulares 87 y 88/2025), la competitividad y el futuro del sector.

 

El Nuevo Pilar de la Sostenibilidad es La Gobernanza

La tecnología sin una buena gobernanza es un riesgo que puede erosionar la confianza construida durante décadas.

La Gobernanza Tecnológica es hoy tan importante como la financiera. Sin ella, la modernización no es sostenible. Implica que la modernización es un acto de conciencia estratégica que exige:

  • Juntas Directivas con competencias digitales capaces de comprender el riesgo y la oportunidad tecnológica.
  • Equipos de TI estratégicos, que trascienden la mera función de mantenimiento.
  • Marcos de ciberseguridad alineados con los riesgos reales del negocio.
  • Arquitecturas tecnológicas escalables e interoperables.

La Gobernanza es, sin duda, un nuevo pilar del modelo cooperativo, garantizando que el barco digital tenga un timón firme y competente.

La transformación digital impone tensiones ineludibles. La competencia feroz en el mundo digital implica márgenes más estrechos; adicionalmente, se exige una inversión creciente en infraestructura tecnológica y el cumplimiento de exigencias regulatorias más rigurosas.

Esto nos lleva a la pregunta clave: ¿Puede el sector solidario competir basándose únicamente en la eficiencia? La respuesta, observando el panorama global, es un rotundo no. La eficiencia operativa es la fortaleza natural, intrínseca y escalable de la banca tradicional y, especialmente, de las fintech, nacidas y diseñadas bajo el paradigma digital de la optimización.

Pero existe un valor que ninguna otra entidad, por más tecnología o capital que posea, puede replicar: La combinación única de Innovación Tecnológica + Confianza Social + Propósito Cooperativo.

Este trinomio constituye el verdadero diferencial del modelo solidario. La Confianza Social, cimentada en la historia de servicio y solidaridad, actúa como un ancla poderosa. Si a esta confianza se le inyecta una Innovación Tecnológica ágil y se le guía por el Propósito Cooperativo de inclusión, el sector solidario obtiene una ventaja competitiva que debe ser protegida y fortalecida en la era digital.

El Mapa de Ruta: Integrando Estrategia, Datos y Cultura

Para que el trinomio sea efectivo, la implementación de la transformación debe ser integral.

 

Estrategia Digital y Liderazgo 

La modernización inicia en el nivel más alto. No puede ser un proyecto aislado del área de TI. Las cooperativas deben alinear su plan estratégico con la visión digital, definiendo un Plan Estratégico de TI (PETI) con Indicadores Clave de Desempeño (KPIs) digitales claros.

La Cultura y Liderazgo son los verdaderos aceleradores. Los líderes deben impulsar la gestión del cambio y la comunicación interna. Esto es vital porque la transformación cultural es lo que convierte la tecnología en impacto real: digitalizar no es tener más herramientas, es lograr que la organización piense, actúe y decida de forma más ágil y más informada.

 

El Poder del Dato 

En el nuevo entorno, los datos son el insumo más valioso. La exigencia de Datos y Analítica no solo proviene de la necesidad de la supervisión basada en datos de la Supersolidaria. 

La verdadera oportunidad reside en pasar del reporte obligatorio a la analítica predictiva: usar los datos para anticipar las necesidades de Don Rafael (nuestro agricultor) o cualquier otro asociado, diseñando productos que lleguen antes de que la necesidad sea evidente.

En las Operaciones Digitales, la integración de sistemas (core, CRM, contabilidad) y la automatización de procesos críticos no son solo una búsqueda de la eficiencia; son un mecanismo para liberar a los gestores humanos para que puedan dedicarse a lo que mejor saben hacer: el acompañamiento y la asesoría personalizada.

 

Ecosistemas de Innovación 

El sector solidario no puede ni debe innovar en solitario. La participación activa en Ecosistemas de Innovación Digital, permite a las cooperativas acceder a tecnologías de vanguardia sin tener que desarrollar cada solución desde cero. 

Es una oportunidad de co-innovar, aprovechando la intercooperación como palanca de crecimiento tecnológico.

La Oportunidad Histórica: Liderazgo e Inclusión

Las cooperativas han construido confianza durante décadas, especialmente en territorios donde el sistema financiero tradicional no siempre ha sido suficiente. Si logran ejecutar una transformación integral (tecnológica, cultural y estratégica), pueden liderar la inclusión financiera en zonas rurales, periurbanas y regiones históricamente olvidadas.

La modernización permitirá entre otras, ampliar la cobertura con canales digitales accesibles, diseñar productos más cercanos a las necesidades comunitarias y conectar la innovación con la educación financiera y el acompañamiento humano.

El reto final no es «ser digitales porque toca»; el reto es ser digitales para servir mejor. La modernización de las finanzas cooperativas no se mide por el número de apps lanzadas o la automatización de procesos; se mide por la capacidad de conectar tecnología con inclusión, datos con mejores decisiones, eficiencia con propósito, e innovación con confianza.

 

El sector solidario tiene una oportunidad histórica: la modernización es el camino, el propósito es la brújula y la confianza es el motor para convertirse en protagonista del futuro financiero de Colombia y América Latina.

La transformación digital en el sector solidario no es un camino que pueda recorrerse en soledad ni un proceso que deba improvisarse. Cada cooperativa vive realidades distintas: territorios diferentes, niveles de madurez distintos, culturas organizacionales únicas y desafíos que no siempre aparecen en los manuales.

Si en tu cooperativa están revisando su estrategia digital, fortaleciendo la gobernanza tecnológica o preguntándose cómo integrar tecnología sin perder el propósito cooperativo, estaré encantado de conversar, escuchar y compartir perspectivas.

A veces, una buena conversación técnica y humana, sin agendas comerciales, es el punto de partida para aclarar prioridades, evitar errores costosos y encontrar rutas más sostenibles. Si este artículo te resonó o te dejó alguna inquietud, abramos ese espacio.

 

El sector solidario crece cuando dialoga, comparte y se acompaña.

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Cooperativas energéticas y democratización de la energía limpia

La transición energética global no es solo un desafío ambiental: es una oportunidad histórica para redefinir el modelo económico y social; en este nuevo paradigma, las cooperativas energéticas (solares, eólicas o comunitarias) se están convirtiendo en actores clave al empoderar a los ciudadanos para pasar de consumidores pasivos a prosumidores: productores y gestores de su propia energía.

Este fenómeno representa mucho más que un cambio tecnológico; es la materialización de una nueva cultura de soberanía energética, donde la energía deja de ser un monopolio centralizado para convertirse en un bien común gestionado colectivamente.

 

Las cooperativas energéticas encarnan los principios más genuinos del cooperativismo: control local, participación democrática y equidad social.
En ellas, los miembros deciden qué fuentes de energía se priorizan, cómo se distribuyen los beneficios y qué proyectos comunitarios se financian con los excedentes.

Las micro redes, los sistemas de intercambio energético entre vecinos (peer-to-peer) y los parques solares comunitarios están demostrando que la energía puede ser gestionada con justicia, transparencia y corresponsabilidad. No se trata solo de producir electricidad, sino de producir bienestar y cohesión social.

En regiones rurales o semiurbanas, donde la infraestructura tradicional no llega, las cooperativas energéticas están llevando energía limpia y confiable, fortaleciendo la resiliencia territorial y reduciendo la pobreza energética.

 

El impacto de estas cooperativas trasciende lo técnico ya que cada kilovatio comunitario genera inclusión, reduce las brechas territoriales y promueve la descarbonización desde abajo hacia arriba.
Sin embargo, los retos siguen siendo significativos: los altos costos iniciales de instalación, la falta de incentivos fiscales, y la complejidad de los trámites regulatorios todavía limitan la expansión de este modelo en América Latina.

Para superar estos obstáculos, es necesario articular ecosistemas donde los sectores público, privado y solidario trabajen de forma coordinada. Las cooperativas aportan la confianza social y la gestión comunitaria; los gobiernos, el marco habilitante y los recursos; y las empresas tecnológicas, la innovación.

El resultado es un modelo donde la energía se convierte en un derecho y la transición ecológica en un proceso inclusivo.

 

En Colombia, por ejemplo, la transición energética justa ya cuenta con bases normativas que abren espacio para el cooperativismo.
El Decreto 1073 de 2015 (sector Minas y Energía) consolidó el marco regulatorio de autogeneración y fuentes no convencionales de energía renovable; la Ley 1715 de 2014 y su actualización mediante la Ley 2099 de 2021 establecieron incentivos tributarios y facilidades para proyectos solares y eólicos; y la Política de Transición Energética Justa (2023) promueve la participación de comunidades y entidades solidarias en proyectos descentralizados.

Además, la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) ha reconocido el papel de las comunidades energéticas y cooperativas locales como piezas esenciales para garantizar equidad territorial y democratización del acceso.
Estas normas no solo habilitan proyectos, sino que invitan al sector solidario a liderar la transición, alineando sus valores de sostenibilidad, equidad y autogestión con las metas del país hacia 2030.

 

El futuro energético dependerá de nuestra capacidad de construir alianzas público-cooperativas ágiles, donde los gobiernos aporten marcos y recursos, las cooperativas su conocimiento organizativo y su legitimidad social, y las comunidades su voluntad de cambio.
El cooperativismo puede convertirse en el arquitecto de un nuevo modelo energético: limpio, descentralizado y solidario.

La verdadera innovación no está solo en los paneles solares o en la tecnología, sino en la forma en que las comunidades se organizan para gobernar su energía.

 

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Cooperativas Digitales y de Datos

Vivimos la mayor revolución económica desde la industrialización; el conocimiento y su materia prima, los datos, se ha convertido en el activo más valioso del planeta. Las grandes tecnológicas lo saben y han construido imperios alrededor de él. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones solidarias, incluyendo muchas cooperativas, siguen siendo simples usuarias de tecnología ajena, sin control sobre su información ni sobre el valor que esta genera.

En este contexto, surgen las cooperativas de datos, una evolución natural del cooperativismo tradicional hacia el ámbito digital. Son organizaciones donde los miembros no solo participan en la propiedad del capital, sino también en la propiedad, gestión y uso de los datos. Representan una nueva frontera del movimiento solidario: la propiedad colectiva del conocimiento.

 

En Europa, Asia y América Latina comienzan a aparecer ejemplos inspiradores; desde cooperativas agrícolas que comparten información climática para mejorar la producción, hasta redes de salud que gestionan historiales médicos de manera descentralizada, garantizando privacidad y valor compartido. En todos los casos, el principio es el mismo: los datos pertenecen a la comunidad que los genera.

 

Durante dos décadas, la economía digital ha funcionado bajo una lógica de concentración: unas pocas plataformas extraen, procesan y monetizan los datos de millones de usuarios; en contraste, una cooperativa de datos invierte esta relación: los miembros dejan de ser consumidores pasivos para convertirse en copropietarios activos de la información.

Esto implica un cambio profundo en el modelo de gobernanza; los asociados deciden qué datos se recopilan, cómo se almacenan y con qué fines se usan. No se trata solo de tecnología, sino de democracia digital aplicada al conocimiento.

Imaginemos una red de conductores de transporte urbano cooperativizados: cada viaje genera datos sobre rutas, tiempos y consumo energético; si esos datos se gestionan cooperativamente, pueden convertirse en inteligencia colectiva, optimizar operaciones, reducir emisiones y mejorar los ingresos sin depender de una app corporativa extranjera.

Esa es la esencia del cooperativismo digital: pasar del uso al dominio, del dato individual al valor compartido.

 

El cooperativismo de plataforma es la manifestación práctica de este paradigma. Frente al modelo dominante donde la plataforma se queda con el valor y el usuario con la dependencia, las cooperativas de plataforma ofrecen una alternativa ética y económica.

Casos como Fairbnb (turismo responsable), Stocksy (banco de imágenes cooperativo) o CoopCycle (logística compartida) demuestran que es posible crear plataformas digitales sostenibles donde los beneficios se distribuyen entre quienes las hacen posibles.

En el contexto latinoamericano, este modelo tiene un enorme potencial; las cooperativas financieras, agroindustriales, educativas y de transporte pueden desarrollar sus propias plataformas digitales, diseñadas bajo principios cooperativos, donde el valor permanezca en manos de la comunidad.

Esto no se trata de competir con las grandes tecnológicas en escala, sino de liderar un modelo alternativo de transformación digital con propósito. Un modelo en el que la innovación se mida no por descargas o usuarios activos, sino por el impacto social, la transparencia y la equidad en la distribución del valor.

 

Hablar de cooperativas digitales no es idealismo; requiere capacidad técnica, inversión y gobernanza responsable.


Los principales retos son tres:

 

Infraestructura digital y soberanía tecnológica.
Las cooperativas necesitan construir o acceder a infraestructuras que garanticen independencia tecnológica: nubes cooperativas, almacenamiento descentralizado, y arquitecturas abiertas que eviten el secuestro de sus datos por proveedores cerrados.

 

Ciberseguridad y confianza.
El activo más valioso, los datos, es también el más vulnerable; la inversión en ciberseguridad, auditorías, encriptación y formación es esencial. Una cooperativa de datos debe asegurar no solo disponibilidad y privacidad, sino también confianza colectiva.


Las normativas sobre protección de datos, blockchain y gobernanza algorítmica aún están en evolución; las cooperativas deben participar activamente en estos debates para garantizar que la legislación proteja la soberanía comunitaria y no reproduzca monopolios digitales.

 

En Colombia, por ejemplo,  este debate ya no es opcional: los Decretos 0769 de 2025 y 1544 de 2024, junto con las Circulares 87 y 88 de 2025, establecen obligaciones concretas para las entidades del sector solidario en materia de gobernanza de datos, protección de la información, trazabilidad digital y ciberseguridad

 

Estas normas marcan un antes y un después: las cooperativas deberán incorporar políticas de datos, roles responsables (Data Steward, DPO), esquemas de interoperabilidad y mecanismos de reporte digital al supervisor. Lejos de ser una carga, este nuevo marco es una oportunidad para institucionalizar la gestión inteligente de la información y fortalecer la confianza del asociado.

 

El sector solidario enfrenta su propia brecha digital; la mayoría de las cooperativas aún no dispone de políticas de datos, arquitecturas tecnológicas o cuadros de talento especializado. Aquí surgen oportunidades de colaboración: centros cooperativos de datos y ecosistemas compartidos de analítica e inteligencia, pueden ser el camino para generar capacidades colectivas sin perder autonomía.

La transformación digital solidaria requiere un cambio cultural: pasar del software como gasto al dato como bien común.

 

La verdadera transformación digital del cooperativismo no se mide por cuántas apps tiene una entidad, sino por cómo usa la tecnología para cumplir su propósito solidario.
Poner los datos al servicio del bienestar colectivo implica pensar en modelos donde cada “byte” contribuya a resolver problemas reales: inclusión financiera, educación, salud, empleo digno y sostenibilidad ambiental.

El futuro del movimiento cooperativo dependerá de su capacidad para comprender que la autonomía tecnológica es la nueva forma de soberanía económica.
Así como las cooperativas nacieron para liberar a los trabajadores del capital, las cooperativas de datos surgen para liberar a las comunidades del capitalismo de la información.

Por eso, más que hablar de digitalización, debemos hablar de humanización digital. Las plataformas, los algoritmos y las métricas solo tienen sentido si fortalecen la cooperación, la confianza y la participación.

 

El desafío no es adaptarse al futuro digital, sino construirlo con valores solidarios.
Los datos son el nuevo territorio de la cooperación, y su destino no puede ser otro que el bienestar colectivo.

Hoy más que nunca, las cooperativas necesitan traducir la tecnología en estrategia y los datos en decisiones con sentido; si eres parte de una organización solidaria y te preguntas cómo avanzar en cumplimiento normativo, gobierno de datos o modelos de analítica cooperativa, es momento de actuar. Desde GBA Latam® acompañamos este proceso con metodologías adaptadas al sector, para que la transformación digital no sea un riesgo, sino una ventaja competitiva alineada con tu propósito.
Construyamos juntos la hoja de ruta hacia la soberanía digital del cooperativismo Latinoamericano.

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La Cooperativa del Futuro: Por qué la Sostenibilidad es la ÚNICA Estrategia de Crecimiento

El Amanecer de una Nueva Era: Del Propósito a la Estrategia

 

El 2025 marcó un punto de inflexión; no será un año más en la historia del cooperativismo, sino el momento en que el movimiento solidario debió mirarse al espejo y reconocer que su propósito, aunque noble, ya no era suficiente.


Durante décadas, bastaba con enarbolar los principios cooperativos como bandera moral: la ayuda mutua, la equidad, la solidaridad. Pero el mundo cambió. La desigualdad se volvió sistémica, la crisis climática dejó de ser una amenaza y se transformó en una realidad cotidiana, y la digitalización ya no es una opción, sino la infraestructura misma de la economía.

 

Hoy, las cooperativas enfrentan un desafío sin precedentes: demostrar que la solidaridad también puede ser un modelo de crecimiento sostenible, medible y rentable.
El cooperativismo, que alguna vez fue refugio de confianza, está llamado a convertirse en motor de transformación económica, tecnológica y ambiental.

 

La Declaración de la ONU sobre el Año Internacional de las Cooperativas y la ratificación del Decenio Cooperativo marcaron un cambio estructural. Ya no se trata de recordar el pasado glorioso del sector, sino de diseñar el futuro con métricas, innovación y gobernanza.
El mensaje es inequívoco: si las cooperativas no lideran la respuesta a los grandes desafíos globales tales como la inclusión, sostenibilidad y la digitalización, nadie lo hará.

 

De la Intención a la Ejecución: El Propósito en Acción

He tenido el privilegio de acompañar a entidades que han entendido que el cambio no comienza con un decreto ni con un software, sino con una decisión: abandonar la comodidad del discurso para entrar en el terreno de la evidencia.


La integración tecnológica, el fortalecimiento del gobierno corporativo y la modernización de la gestión del riesgo ya no son lujos de innovación; son la puerta de entrada al nuevo sistema financiero basado en datos, interoperabilidad y confianza digital.

En este proceso, algo se ha vuelto evidente: las cooperativas que han logrado crecer en los últimos años no son las más grandes ni las más antiguas, sino las más adaptativas, las que han entendido que su propósito social solo tiene sentido si se traduce en resultados verificables.

Hoy el desafío no es solo ser solidario, sino ser estratégicamente sólido, midiendo impacto, gestionando datos y demostrando eficiencia con la misma rigurosidad con que las empresas tradicionales miden rentabilidad.

 

La Métrica del Mañana: De la Misión al Sistema de Gestión

Durante décadas, muchas organizaciones solidarias han confundido su misión con su modelo.
El propósito de ayudar, incluir, servir es inmutable; pero el modelo debe evolucionar en razón a que hoy el mercado y la sociedad exigen a las cooperativas algo más: evidencia.

La sostenibilidad debe dejar de ser un ideal romántico para convertirse en un sistema de gestión integral.


Una cooperativa que no mide su impacto social, ambiental y de gobernanza está condenada a volverse invisible ante los ojos de la economía digital; el mundo de los inversionistas, los reguladores y los consumidores habla un nuevo idioma: el de los datos verificables.

 

El cooperativismo tiene una ventaja que no se puede programar: la confianza; sin embargo, en el siglo XXI la confianza ya no se otorga, se demuestra.


Demostrar implica diseñar indicadores, adoptar tecnologías de trazabilidad, reportar resultados y transformar el Balance Social en una herramienta estratégica, no en un requisito normativo.

El nuevo liderazgo cooperativo se medirá por su capacidad de articular tres dimensiones:

  1. Propósito social medible.
  2. Gobernanza transparente.
  3. Tecnología interoperable.

Solo las entidades que integren estas tres piezas podrán participar plenamente en la nueva economía de impacto.

 

Del Propósito a la Estrategia: Alineación con los ODS

Las cooperativas latinoamericanas han sido, históricamente, guardianas de la resiliencia social; han sostenido territorios cuando los bancos se retiraron, han generado empleo digno cuando los mercados colapsaron, y han financiado comunidades cuando nadie más lo hacía; pero el nuevo siglo no les exige solo resistir; les exige liderar.

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son mucho más que una agenda de Naciones Unidas; son el lenguaje universal de legitimidad y acceso a capital, e integrarlos no significa adherirse a un discurso, sino alinear el modelo de negocio con el bien común medido en resultados concretos.

 

De hecho, los estudios de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y la iniciativa Coops for 2030 son contundentes: las cooperativas que logran integrar los ODS a su estrategia obtienen más legitimidad, mayor acceso a financiamiento verde y una narrativa empresarial que trasciende lo financiero.

 

Adoptar los ODS no solo mejora la reputación; abre puertas en razón a que los inversionistas, las agencias multilaterales y los fondos climáticos buscan organizaciones que traduzcan el dinero invertido en resultados sociales o ambientales medibles.
La sostenibilidad, en este sentido, no es un fin ético, sino una ventaja competitiva.

 

La Presión del Mercado: Finanzas ESG y el Riesgo del Greenwashing

Vivimos un cambio silencioso pero irreversible: el dinero global ha adoptado una conciencia; los fondos de inversión, las aseguradoras y los reguladores ya no destinan recursos a instituciones que no puedan probar su impacto ambiental, social y de gobernanza (ESG).

 

Las cooperativas están en el centro de esta revolución, pero también en su punto de mayor riesgo; el greenwashing (simular impacto sin evidencia) se ha convertido en una amenaza real; hoy no basta con afirmar que se promueve el ODS 8 (Trabajo Decente) o el ODS 1 (Fin de la Pobreza); hay que demostrarlo con datos verificables, trazables y auditables.

 

En mis conversaciones con dirigentes cooperativos de la región, escucho una pregunta recurrente: “¿Y si no tenemos los sistemas para medir todo eso?”

La respuesta es simple: si no se mide, no existe.
La falta de datos no solo afecta la gestión interna, sino la credibilidad institucional.
El cooperativismo no puede permitir que la ausencia de tecnología debilite su mayor activo: la confianza.

 

Los Cimientos del Cambio: Gobernanza y Regulación

En Colombia, la Circular Externa 88 de 2025 de la Supersolidaria representa un antes y un después; bajo el principio de cumpla o explique, el regulador exige que las entidades consoliden estructuras formales de gobernanza sostenible.
Esto significa que el Buen Gobierno dejó de ser una recomendación moral para convertirse en una obligación estratégica. La gobernanza digital, el reporte de balance social, la gestión de riesgos y la divulgación de información ESG son ahora componentes esenciales de la madurez institucional y aquellas entidades que adopten estos mecanismos no solo estarán cumpliendo la ley, sino posicionándose como referentes del nuevo cooperativismo regulado, transparente y rentable.

 

El Cooperativismo como Agente de Resiliencia Climática

El cambio climático ya no es una variable ambiental: es un riesgo financiero y social.
Las sequías, inundaciones y desplazamientos están afectando directamente la capacidad de pago, la producción rural y la estabilidad territorial.

Las cooperativas, por su cercanía a la comunidad, están en posición privilegiada para convertirse en gestoras de resiliencia climática.
Eso implica tres grandes pasos; el primero de ellos es evaluar riesgos climáticos: medir cómo los eventos extremos afectan la cartera y la liquidez; en segundo lugar, diseñar productos verdes: créditos para riego, eficiencia energética o adaptación climática y en tercer lugar, monitorear resultados: verificar el impacto real sobre los ingresos del asociado, la creación de empleo verde o la reducción de huella de carbono.

 

Así, el modelo cooperativo deja de ser un receptor pasivo de ayuda internacional para transformarse en un actor financiero de desarrollo sostenible, capaz de competir en el mercado global con propósito y evidencia.

 

El Puente Obligatorio: La Digitalización del Impacto

Todo esto converge en un punto: no hay sostenibilidad sin digitalización.
Medir el impacto social, ambiental o económico sin datos integrados es tan imposible como navegar sin brújula; así las cosas, el futuro del sector dependerá de su capacidad para construir infraestructuras digitales que permitan capturar, procesar y reportar información en tiempo real.


Plataformas interoperables, analítica de datos, blockchain para trazabilidad de impacto, inteligencia artificial para segmentar necesidades sociales: estos ya no son temas de innovación, son condiciones de existencia.

 

El siguiente paso será abrazar el concepto de la Cooperativa de Plataforma: una entidad donde el asociado no solo consume servicios, sino que participa y gobierna los datos que generan valor; esto redefine el poder económico dentro del ecosistema solidario: el conocimiento deja de ser propiedad de las grandes tecnológicas y vuelve a manos de quienes lo producen, es decir, las comunidades.

 

De la Nobleza a la Excelencia: El Llamado al Liderazgo

El cooperativismo nació del propósito pero sobrevivirá gracias a la estrategia.
En la próxima década, las cooperativas que prosperen no serán las más grandes ni las más tecnológicas, sino las más coherentes; aquellas capaces de traducir su propósito en métricas, su solidaridad en datos y su compromiso social en decisiones de impacto verificable.

La sostenibilidad no debe ser vista como una tendencia, sino como una nueva gramática de liderazgo.
El Buen Gobierno, la gestión de datos y la transparencia no son requisitos técnicos; son expresiones contemporáneas de la confianza cooperativa; de este modo, la pregunta no es si el modelo cooperativo sobrevivirá, sino si está dispuesto a evolucionar para liderar.

 

Antes de preguntarse cómo crecer, las cooperativas deben preguntarse cómo demostrar que su crecimiento genera bienestar medible; medir, reportar y comunicar con transparencia no es una exigencia del mercado, es la clave para recuperar la legitimidad y proyectar el cooperativismo como la alternativa ética y rentable de la economía de impacto.


El futuro pertenece a las organizaciones que sepan combinar tecnología, propósito y sostenibilidad sin perder el alma que las fundó. La sostenibilidad no es un destino; es la manera en que el cooperativismo escribirá su próxima historia.

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La cooperativa del futuro: 10 grandes tendencias globales hacia 2030

El 2025, declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de las Cooperativas, marcó el comienzo de una nueva etapa para el movimiento cooperativo mundial.

Nunca antes las cooperativas habían tenido una oportunidad tan clara de ocupar un papel central en la economía global; su naturaleza democrática, su compromiso con la equidad y su arraigo comunitario las convierten en actores decisivos frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo: la desigualdad, el cambio climático, la digitalización y la sostenibilidad.

El momento actual exige una evolución profunda; integrar tecnología, fortalecer el gobierno corporativo y modernizar la gestión del riesgo ya no son opciones, sino condiciones para seguir siendo relevantes en el nuevo sistema financiero abierto, interoperable y basado en datos.

Este artículo abre la serie “La cooperativa del futuro”, que explorará los cambios estructurales, tecnológicos y humanos que están definiendo el cooperativismo de la próxima década.

 

  1. Alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

En el contexto actual, las cooperativas se consolidan como pilares de la Agenda 2030 de Naciones Unidas; su aporte trasciende el discurso ya que hoy son agentes reales en la reducción de la pobreza, la generación de empleo digno, la seguridad alimentaria y la construcción de instituciones inclusivas.

 

Iniciativas globales como Coops for 2030 y la creciente presión por reportar impacto ESG (ambiental, social y de gobernanza) marcan un cambio de era; ya no basta con ser solidario: hay que demostrar resultados medibles.

 

Las cooperativas que integren los ODS con coherencia ganarán legitimidad, financiamiento verde y reconocimiento social; pero deben evitar caer en el greenwashing (fingir sostenibilidad sin evidencia real). La credibilidad del modelo cooperativo dependerá de su capacidad de mostrar datos verificables, coherentes entre lo que se dice y lo que se hace.

 

En este escenario, la sostenibilidad dejó de ser un ideal para convertirse en un sistema de gestión. Las cooperativas tienen una ventaja única, ya que el propósito social está en su ADN; lo que ahora necesitan es traducirlo en métricas, decisiones y narrativa de impacto.

 

  1. Cooperativas digitales y de datos

Vivimos una revolución que redefine la propiedad del conocimiento; las cooperativas de datos están emergiendo como un nuevo modelo en el que los miembros dejan de ser usuarios pasivos para convertirse en propietarios y gobernantes de su información.

 

En sectores como salud, agricultura o movilidad, la soberanía de los datos ya es una ventaja competitiva; en paralelo, el cooperativismo de plataforma ofrece una alternativa ética al dominio de las grandes tecnológicas: plataformas digitales donde el valor permanece en manos de la comunidad.

Pero esta visión requiere inversión en infraestructura digital, ciberseguridad, blockchain y marcos regulatorios; las cooperativas que logren dominar este terreno podrán capturar valor sin depender de monopolios tecnológicos, conservando su autonomía y propósito solidario porque la verdadera transformación no está en la tecnología, sino en su uso con sentido: poner los datos al servicio del bienestar colectivo.

 

  1. Cooperativas energéticas y democratización de la energía limpia

La transición energética global es también una oportunidad social; las cooperativas de energía renovable (solares, eólicas o comunitarias) están empoderando a los ciudadanos para pasar de consumidores a productores.


Estos modelos reflejan los valores esenciales del cooperativismo como el control local, la participación y la equidad; las microredes y sistemas de intercambio energético están demostrando que la energía puede gestionarse colectivamente y con justicia.

 

Su impacto trasciende lo técnico fortaleciendo la resiliencia local, reduciendo la pobreza energética y promoviendo la descarbonización; sin embargo, los altos costos iniciales y las barreras regulatorias siguen siendo retos estructurales.


El camino está en alianzas público-cooperativas ágiles, donde gobiernos aporten marcos habilitantes y las cooperativas, su capacidad organizativa y confianza territorial; todos estos esfuerzos tendientes a que la energía del futuro sea limpia, descentralizada y solidaria, y las cooperativas deben ser sus arquitectas.

 

  1. Modernización de las finanzas cooperativas

Si hay un frente donde el sector solidario está viviendo una verdadera revolución, es el financiero; las cooperativas de ahorro y crédito y los bancos cooperativos están en plena transformación estructural dado que ya no compiten solo con otras entidades solidarias, sino con un sistema financiero cada vez más digital, ágil y centrado en la experiencia del usuario.

 

Esta reinvención no se trata únicamente de adoptar tecnología; se trata de redefinir la forma en que las cooperativas entienden la relación con sus asociados; hoy, el asociado no compara tasas, compara experiencias; y la diferencia entre una transacción y un vínculo radica en la capacidad de ofrecer servicios digitales con calidez humana.

 

La incorporación de tecnologías emergentes y soluciones digitales,  está cambiando el ADN de la operación cooperativa; en Colombia por ejemplo, el Decreto 0769 de 2025 marca un punto de inflexión ya que por primera vez, las cooperativas pueden ofrecer servicios de pagos digitales, transferencias y adquirencia, pero con la obligación de fortalecer su gobernanza tecnológica, ciberseguridad y capacidad de reporte estratégico.

 

Esto representa una oportunidad inmensa, pero también una prueba de madurez porque las cooperativas que abracen esta transformación con una visión integral, no solo tecnológica, sino también cultural y estratégica, estarán en capacidad de liderar la inclusión financiera en territorios donde la banca tradicional no llega.

 

Sin embargo, esta evolución trae consigo nuevos desafíos: márgenes más estrechos, competencia más intensa y regulación más exigente;  la digitalización exige eficiencia, pero también propósito, y ese es el punto donde el cooperativismo tiene una ventaja única: puede combinar innovación tecnológica con confianza social, algo que ninguna fintech puede replicar.

 

El reto, entonces, no es ser digitales “porque toca”, sino ser digitales para servir mejor; porque la modernización de las finanzas cooperativas no se mide en el número de apps lanzadas, sino en la capacidad de conectar tecnología con inclusión, datos con decisiones, y eficiencia con propósito.

 

  1. Modelos híbridos y multiactor

Las fronteras entre cooperativas, empresas sociales, ONG y startups están desapareciendo; surgen modelos híbridos y multiactor que combinan capital, innovación y propósito;  en algunos países, las cooperativas se estructuran junto a instituciones públicas o fundaciones, dando origen a cooperativas sociales con gran impacto local. Estos modelos permiten atraer talento diverso y recursos nuevos, pero también exigen estructuras de gobernanza más sofisticadas para equilibrar los intereses de trabajadores, productores y consumidores; la clave está en mantener la identidad cooperativa mientras se amplía el alcance y la capacidad de innovación.

 

  1. Cooperar entre cooperativas: el nuevo modelo de crecimiento colectivo

Uno de los principios más antiguos del cooperativismo, “cooperar entre cooperativas”, está entrando en una nueva era y lo que antes se veía como un gesto solidario, hoy se convierte en una estrategia empresarial inteligente para ganar escala, optimizar recursos y fortalecer la competitividad del sector frente al sistema financiero tradicional.

 

Desde mi experiencia, he visto cómo las cooperativas que se asocian bajo redes sectoriales, federaciones o alianzas transnacionales logran algo que, de manera individual, sería casi imposible: reducir costos, acceder a tecnología de última generación y generar innovación compartida.

Un buen ejemplo son los centros de servicios compartidos, los acuerdos de compra conjunta de tecnología o las iniciativas colaborativas en analítica y datos, que ya están demostrando que la cooperación bien gestionada puede traducirse en eficiencia real, rentabilidad y sostenibilidad; sin embargo, este nuevo modelo exige una mentalidad distinta: pasar del “yo compito” al “nosotros crecemos”.


El reto está en mantener la autonomía local sin perder la visión global, y en construir mecanismos de gobernanza que equilibren la toma de decisiones colectiva con la agilidad que exige el entorno digital; cuando la cooperación deja de ser discurso y se convierte en arquitectura con acuerdos claros, plataformas tecnológicas compartidas y modelos de datos interconectados, el sector solidario no solo se fortalece, sino que se transforma en un ecosistema capaz de innovar con propósito y escalar con identidad.

 

En definitiva, el futuro no pertenece a la cooperativa más grande, sino a las cooperativas mejor conectadas; y ese será, sin duda, el nuevo motor del crecimiento cooperativo global.

 

  1. Resiliencia, localismo y economía circular

En un contexto de crisis climática, disrupciones logísticas y tensiones sociales, las cooperativas están reafirmando su papel como nodos de resiliencia comunitaria y esto porque su capacidad para articular producción local, cadenas cortas y servicios esenciales las convierte en agentes claves de la economía circular y del desarrollo territorial sostenible.

 

Reutilizar, reciclar, compartir y producir localmente son prácticas que encajan perfectamente con la identidad cooperativa; en las regiones rurales o vulnerables, las cooperativas pueden convertirse en infraestructuras sociales esenciales para la alimentación, la energía o el financiamiento inclusivo.

 

  1. Renovación generacional y diversidad

El relevo generacional es uno de los mayores desafíos del cooperativismo contemporáneo; atraer, formar y empoderar a los jóvenes será determinante para su sostenibilidad a largo plazo; las cooperativas están destinando mayores recursos a la educación cooperativa, la alfabetización digital y el liderazgo juvenil, así como a la inclusión activa de mujeres, migrantes y minorías.

La diversidad no solo amplía la representatividad, sino que inyecta innovación y legitimidad al movimiento; el riesgo está en los choques culturales entre nuevas generaciones digitales y estructuras directivas tradicionales; superarlo implicará modernizar la gobernanza y abrazar la participación intergeneracional.

 

  1. Políticas públicas y marcos legales habilitantes

El reconocimiento internacional de 2025 como Año de las Cooperativas trajo consigo un impulso político renovado dado que muchos gobiernos están desarrollando marcos legales pro-cooperativos, incentivos fiscales, líneas de crédito y programas de compras públicas para fortalecer el sector.

 

Esta nueva ola normativa debe entenderse como una oportunidad para articular mejor las políticas de inclusión financiera, economía verde y digitalización, en las que las cooperativas pueden ser protagonistas; sin embargo, depender excesivamente de fondos públicos o de coyunturas políticas puede debilitar su independencia; el desafío será construir institucionalidad sólida y alianzas sostenibles, no subsidios temporales.

 

  1. Medición de impacto y transparencia: el nuevo lenguaje de la confianza

Hoy, el cooperativismo global enfrenta un cambio de paradigma silencioso pero profundo que resumo en una frase “la confianza ya no se declara, se demuestra”.


La exigencia de rendir cuentas y de mostrar resultados tangibles está transformando la manera en que las cooperativas gestionan su desempeño, su impacto y su reputación; aquellas entidades que adopten marcos de medición de impacto alineados con los ODS y los criterios ESG no solo fortalecerán su legitimidad, sino que abrirán la puerta a nuevas fuentes de financiación responsable, alianzas estratégicas y reconocimiento internacional.

La buena noticia es que la digitalización está haciendo posible algo que antes parecía inalcanzable; me refiero a  medir mejor, comunicar mejor y, sobre todo, decidir mejor; sin embargo, medir no basta; el riesgo está en convertir la medición en un simple trámite o en exponer datos sin contexto, lo que puede distorsionar la historia detrás de los números.


La transparencia, en el verdadero sentido del término, no es una exigencia externa; es una herramienta de aprendizaje, una forma de construir cultura y una oportunidad para mejorar continuamente desde la evidencia.

 

Las cooperativas del futuro no serán las que más hablen de su impacto, sino las que lo gestionen como un activo estratégico, integrando los datos con la toma de decisiones, la comunicación con los asociados y la rendición de cuentas ante la sociedad; y es que todas las transformaciones que estamos viviendo (digital, cultural, ambiental y social) están conectadas; veamos porqué: las cooperativas digitales facilitan la medición de impacto, las energéticas promueven resiliencia local, las políticas públicas habilitantes impulsan la innovación tecnológica, y la renovación generacional sostiene la continuidad del modelo.

 

De esa interdependencia nacerá el nuevo modelo cooperativo global, sustentado en tres pilares esenciales: propósito social claro, capacidades digitales y de datos, gobernanza transparente y sostenible, precisamente porque hacia 2030, las prioridades estarán claras: construir infraestructura y capacidades digitales, fortalecer la medición y la transparencia del impacto, incidir en políticas públicas habilitantes,  experimentar con modelos híbridos y multiactor, profundizar el compromiso de jóvenes y nuevos asociados.

 

En síntesis, el reto del cooperativismo no será solo hacer las cosas bien, sino demostrar con evidencia que lo hace mejor que nadie con propósito, con tecnología y con transparencia.

 

Mirando hacia adelante: la década cooperativa

Estamos viviendo un momento histórico; el cooperativismo, ese modelo que nació para equilibrar la economía con la solidaridad, está llamado a desempeñar un papel protagónico en la transformación global; hoy representa más del 12 % de la población mundial, con más de tres millones de organizaciones que generan alrededor de 2,4 billones de dólares anuales; sin embargo, su impacto real, el que trasciende las cifras,  dependerá de su capacidad para innovar sin perder su identidad.

 

En América Latina, las condiciones son únicas; la madurez tecnológica, los avances regulatorios y el relevo generacional están creando el contexto ideal para que el sector solidario dé el salto hacia una nueva etapa; pero este salto no se trata simplemente de incorporar tecnología o modernizar sistemas; se trata de algo mucho más profundo: de transformar la cultura organizacional, de redefinir el liderazgo y de reconectar la esencia cooperativa con los desafíos de un mundo digital, abierto y basado en datos.

 

El gran desafío será construir ecosistemas cooperativos digitales con propósito; espacios donde la tecnología no reemplace el vínculo humano, sino que lo potencie; donde los datos no sean un fin en sí mismos, sino una herramienta para comprender mejor a los asociados y fortalecer la confianza; he insistido muchas veces en que la tecnología debe entenderse como un medio y no como un fin. El alma del cooperativismo sigue siendo el mismo propósito: generar bienestar colectivo y fortalecer el tejido social.

 

La cooperativa del futuro no es un banco digital más; es la organización que une confianza, cercanía y propósito con tecnología, datos e innovación para multiplicar el valor económico y social de cada asociado. Esa es, en esencia, la dirección hacia la cual se mueve el mundo solidario.

 

El futuro ya comenzó, y las cooperativas que comprendan esto no serán las más grandes, sino las más preparadas para conectar propósito con innovación; las que entiendan que la transformación digital no es un proyecto tecnológico, sino una nueva forma de gestionar, decidir y servir. 

 

Las que logren traducir la confianza en datos, la cercanía en canales digitales y el propósito en resultados medibles y sostenibles.

 

Mirando hacia adelante, no se trata de adaptarse a la tecnología, sino de redefinir el papel del cooperativismo en la economía del siglo XXI; la pregunta ya no es si debemos transformarnos, sino cómo hacerlo manteniendo nuestra esencia.

Y ahí es donde está el verdadero liderazgo: en atreverse a transformar sin perder el alma.