7

Bre-B y el futuro del sector solidario: ¿Estamos listos para dar el salto?

Imagina que estás en una fila esperando una transferencia bancaria. Es lunes, son las 3:59 p. m., y tienes que enviarla “antes de las 4”. El sistema del banco está lento, y sabes que si no logras hacerlo ahora, tendrás que esperar hasta el día siguiente. ¿Te suena familiar?

Ahora imagina que esa transferencia llega en segundos, a cualquier hora del día, incluso un domingo a las 10 de la noche, sin importar la entidad. Esa es la promesa de los pagos en tiempo real. Y en Colombia, esa realidad está más cerca de lo que pensamos.

Durante septiembre comenzará a operar Bre-B, el nuevo sistema de pagos inmediatos del Banco de la República. Inspirado en el exitoso modelo PIX de Brasil, este sistema busca transformar radicalmente cómo enviamos y recibimos dinero en el país. Pero la gran pregunta es: ¿está listo el sector solidario para este cambio?

 

Bre-B no es solo tecnología. Es una oportunidad histórica

No estamos hablando de una nueva app ni de una simple actualización tecnológica. Estamos hablando de un cambio estructural en la manera como operan las entidades financieras. Un cambio que representa una oportunidad única para el sector solidario colombiano: cooperativas, fondos de empleados, cajas de compensación y demás organizaciones de ahorro y crédito.

Estas entidades han sido históricamente los actores más cercanos a las comunidades. Han garantizado el acceso al crédito en zonas donde la banca tradicional no llega. Pero también han enfrentado retos importantes: limitaciones tecnológicas, procesos manuales, baja interoperabilidad y, en muchos casos, una transformación digital aún pendiente.

 

¿Por qué Bre-B importa tanto?

Porque representa mucho más que rapidez. Bre-B promueve inclusión financiera, reducción del uso de efectivo, interoperabilidad real y acceso equitativo, con el respaldo del banco central colombiano. Cualquier entidad —grande o pequeña— podrá permitir transferencias 24/7, 365 días al año, en segundos, entre cualquier entidad del sistema.

Y eso no es un lujo. Es una expectativa del usuario moderno. Un asociado que ya está acostumbrado a la inmediatez de las plataformas digitales, a las billeteras móviles y a experiencias simples, seguras y rápidas.

 

¿Y qué rol debe jugar el sector solidario?

Un rol protagónico. Las cooperativas y fondos no deben ser simples observadores de este cambio, sino actores activos de esta transformación. Pero para lograrlo, necesitan enfrentar algunos desafíos clave:

  • Modernizar su infraestructura tecnológica.
  • Digitalizar sus procesos internos y canales de atención.
  • Elevar su madurez digital institucional.

Porque la transformación digital no se trata solo de tener una app. Se trata de transformar la cultura, el modelo operativo y la relación con sus asociados. Es un viaje profundo que toca todos los rincones de la organización.

 

¿Por dónde empezar?

Aquí algunas acciones urgentes para no quedarse atrás:

  1. Sensibilizar a directivos y juntas.
    La transformación digital ya no es un tema del área de sistemas. Es una prioridad estratégica.
  2. Medir el nivel de madurez digital.
    ¿Dónde está la entidad hoy? ¿Qué capacidades necesita para conectarse a Bre-B?
  3. Diseñar una hoja de ruta clara.
    Con metas, prioridades y enfoque en mejorar la experiencia del asociado.
  4. Buscar aliados tecnológicos.
    No hay que inventar la rueda. Existen soluciones asequibles y adaptables al sector.
  5. Conectarse con el ecosistema Bre-B.
    Participar en pilotos, entender la regulación, escuchar al Banco de la República.

 

Bre-B no es solo para los grandes bancos

Un mito común es pensar que este tipo de innovaciones son exclusivas de bancos grandes o fintechs. Nada más lejano de la realidad.

Bre-B está diseñado como un sistema abierto y colaborativo, donde todas las entidades pueden participar. Lo que se necesita es decisión, liderazgo y una visión clara del futuro.

 

El momento de actuar es ahora

El sector solidario colombiano ha sido clave para el desarrollo del país. Pero también enfrenta una encrucijada: adaptarse o volverse irrelevante para las nuevas generaciones.

Bre-B puede ser el impulso que necesitamos para dar el salto digital. Para renovar la promesa de valor del modelo solidario. Para competir con calidad y confianza en un mundo donde lo digital ya no es una opción, sino la norma.

Con la entrada de Bre-B, se prevé una transformación profunda del ecosistema de pagos del país. Este cambio estructural afectará tanto los hábitos de los usuarios como la estrategia de los distintos actores del sistema financiero, incluyendo al sector solidario.

Uno de los principales impactos será sobre el uso del efectivo, actualmente el medio preferido por más del 75% de los colombianos. Bre-B, al facilitar transferencias instantáneas 24/7, reducirá de forma significativa la dependencia del efectivo, especialmente en zonas rurales y sectores tradicionalmente excluidos. Esto representa una oportunidad para cooperativas y fondos de empleados de ampliar su cobertura y eficiencia operativa.

El uso de tarjetas débito podría disminuir, dado que su propuesta de valor es comparable (o incluso inferior) a la de los pagos inmediatos. Con más de 41 millones de tarjetas activas en el país, este cambio podría impactar el modelo tradicional de adquirencia y originar ajustes en la estrategia de los bancos y redes.

En contraste, las tarjetas de crédito mantendrán su vigencia, ya que ofrecen beneficios adicionales como financiación, lealtad o cashback. Igualmente, las billeteras digitales (Nequi, Daviplata, etc.) podrían integrarse al sistema Bre-B, logrando por fin una interoperabilidad real entre ellas y con los canales del sector solidario.

Por su parte, PSE también podría ver reducida su participación, como ocurrió en Brasil tras la entrada de su sistema RTP. Esto abre la puerta a modelos de pago más sencillos, interoperables y de bajo costo.

En este nuevo panorama, el rol de las cooperativas y entidades solidarias puede ser crucial si se adaptan estratégicamente, integran nuevas tecnologías y fortalecen su propuesta de valor digital. Bre-B no solo es una infraestructura, es una invitación a transformar la inclusión financiera desde la base solidaria del país.

 

Conclusión

La inclusión financiera del siglo XXI no se mide por el número de oficinas, sino por la capacidad de brindar servicios ágiles, confiables e interoperables.

Y ahí, el sector solidario tiene todo para destacar: cercanía con las comunidades, propósito social y legitimidad. Solo falta una cosa: dar el salto tecnológico.

Bre-B puede ser el puente.

¿Tu entidad ya está construyendo ese camino?

#PagosEnTiempoReal #BreB #TransformaciónDigital #SectorSolidario #Cooperativas #InclusiónFinanciera #BancaSocial #InnovaciónFinanciera #ColombiaDigital

5

La Transformación Digital del Sector Solidario en Colombia: Un Camino hacia la Relevancia y la Sostenibilidad

En un mundo cada vez más interconectado y digital, el sector solidario colombiano enfrenta el desafío ineludible de adaptarse a los cambios tecnológicos para mantenerse competitivo, sostenible y fiel a sus principios de cooperación, equidad y participación democrática. Las cooperativas, como actores clave del desarrollo económico y social del país, deben emprender una transformación digital que no solo modernice sus operaciones, sino que fortalezca su propósito solidario.

 

¿Por qué es indispensable la transformación digital en las cooperativas?

La digitalización ya no es una opción, sino una condición necesaria para mejorar la eficiencia, ampliar el alcance de los servicios, fortalecer la relación con los asociados y vincular las nuevas generaciones con las bondades que ofrece el sector cooperativo. Las nuevas tecnologías ofrecen a las cooperativas herramientas para automatizar procesos, ofrecer servicios en tiempo real, mejorar la experiencia del asociado e incorporar inteligencia de datos para decisiones estratégicas. Estos beneficios no solo optimizan la operación, sino que también refuerzan el impacto social del sector.

 

Los desafíos del viaje digital en el sector solidario

Imagina que el sector solidario en Colombia está emprendiendo una travesía hacia el futuro. Su destino: una transformación digital que lo haga más fuerte, inclusivo y sostenible. Pero el camino no es una autopista despejada… es más bien una trocha que atraviesa selvas densas, montañas empinadas y ríos caudalosos; cada tramo representa un reto, una lección, una decisión.

Todo comienza en los rincones más apartados del país, donde la señal de internet llega a ratos, si es que llega; allí, la inclusión digital no es un lujo, es una deuda histórica. El primer gran obstáculo: la brecha de conectividad y acceso. Sin redes estables, ¿cómo llegar a quienes más necesitan estos servicios?

Las cooperativas que logran sortear ese primer reto se topan con su segunda prueba: la infraestructura tecnológica limitada. Muchos de sus sistemas son antiguos, parchados con buenas intenciones, pero incapaces de responder a los desafíos actuales, y el personal que los gestiona, aunque comprometido, no siempre tiene las habilidades necesarias para conducir esta nueva etapa.

Es aquí donde aparece un personaje curioso pero poderoso: el miedo al cambio, porque no se trata solo de tecnología, sino de transformar la mentalidad. Muchos directivos y asociados aún ven con recelo las herramientas digitales, como si fueran ajenas a los valores cooperativos. Romper esa barrera es más difícil que instalar e implementar un nuevo software.

Pero incluso cuando el cambio empieza a rodar, aparece el fantasma de los riesgos cibernéticos; la digitalización abre puertas, pero también ventanas por donde pueden colarse amenazas invisibles, la ciberseguridad ya no es opcional, es un escudo imprescindible.

Por si fuera poco, el panorama normativo cambia como el clima en la montaña, nuevas reglas, decretos, circulares. La actualización normativa constante exige que las cooperativas desarrollen músculos técnicos y legales, o corren el riesgo de quedarse atrás.

Y mientras tanto, el presupuesto… escaso como el agua en el desierto. Las limitaciones financieras hacen que cada decisión tecnológica sea casi una apuesta, especialmente para las cooperativas más pequeñas.

Como si fuera poco, nuevos actores se suman al camino. Las fintech y neobancos avanzan a toda velocidad, cautivando a las nuevas generaciones con propuestas más rápidas, más visuales, más «cool». La competencia no solo es real, es feroz.

Aquí surge un dilema profundo: la base asociativa envejece. Las cooperativas deben reconectar con los jóvenes, hablar su idioma, usar sus canales, entender sus motivaciones, de lo contrario, corren el riesgo de volverse irrelevantes para las próximas generaciones.

A todo esto se suma la escasez de talento digital. No es fácil encontrar profesionales que combinen propósito social con habilidades en datos, desarrollo, UX o ciberseguridad. La guerra por el talento también ha llegado al mundo solidario.

Y si el liderazgo no está preparado, todo se complica. Muchas entidades aún tienen una gobernanza digital débil, sin un plan estratégico claro, sin líderes que impulsen la innovación desde la alta dirección.

Además, muchas cooperativas no están conectadas al ecosistema digital, operan como islas, sin interoperabilidad con plataformas públicas o privadas, sin alianzas ni colaboraciones que potencien su impacto.

Finalmente, en la mochila del viaje van toneladas de datos… pero pocos saben usarlos. El uso limitado de la información hace que muchas decisiones se tomen a ciegas, sin aprovechar el verdadero potencial que ofrece el conocimiento profundo de sus asociados.

Cada uno de estos desafíos es una historia en sí misma, pero también una oportunidad. Porque en cada problema hay una semilla de transformación. El sector solidario tiene todo para avanzar: propósito, comunidad y experiencia. Solo necesita sumar tecnología, talento y visión para conquistar el futuro digital que merece.

 

¿Y entonces… cómo se transforma un gigante solidario?

Superar los desafíos del camino digital no es cuestión de suerte ni de moda, es cuestión de estrategia, propósito y acción. Para que el sector solidario no solo sobreviva, sino florezca en la era digital, se necesita mucho más que tecnología: se necesita una visión clara de hacia dónde se quiere ir y con qué herramientas hacerlo.

Todo comienza con un espejo. La evaluación de necesidades tecnológicas es ese primer paso en el que la cooperativa se mira de frente y reconoce qué funciona, qué está roto y qué puede mejorar. No se trata de comprar lo último en software, sino de entender realmente en qué punto se está.

Una vez entendido el terreno, es hora de fortalecer a la gente, porque sin personas, no hay transformación. La capacitación y educación constante es la brújula que permite a empleados y asociados navegar con confianza en entornos digitales. Aprender no es una carga, es una inversión en el futuro.

Pero, ojo, no todo lo brillante es oro. No se trata de llenarse de soluciones complejas, sino de apostar por plataformas escalables, que crezcan al ritmo de la cooperativa, que no la sobrepasen ni la limiten. Tecnología que se adapte, que acompañe, que potencie.

Y en medio de tanto avance, los valores cooperativos no solo deben sobrevivir, sino brillar. La tecnología, bien usada, puede ser la mejor aliada de la participación democrática, la equidad y la transparencia. No hay contradicción entre innovación y propósito… al contrario, se potencian.

Luego viene uno de los más interesantes ingredientes: la innovación continua. Crear una cultura donde se valore la prueba y el error, donde equivocarse sea parte del camino y no un pecado o un fracaso. Donde las ideas se cultiven como semillas, sabiendo que no todas florecen, pero todas enseñan.

Y como ningún héroe llega lejos sin aliados, las alianzas estratégicas son clave. Consultoras especializadas en transformación como GBA Latam® se han dedicado a acompañar este proceso, ofreciendo programas pensados especialmente para el sector solidario colombiano. No se trata de consultar como respuesta ante los desafíos o peor aun, cuando no hay nada que hacer, sino como herramienta estratégica para anticiparse, innovar y mantenerse a la vanguardia de la transformación; no se trata de caminar solos, sino de caminar bien acompañados para construir desde ahora el camino hacia una organización más ágil, innovadora y preparada para el futuro.

¿Y qué gana una cooperativa que se transforma?

Mucho. Muchísimo. De hecho, es como si pasara de andar en carreta a volar en dron.

Empieza por algo tangible: la eficiencia operativa, automatizar tareas, reducir tiempos, eliminar el papel y los errores humanos. Menos trámites, más acción.

Luego, el acceso en tiempo real. Olvídate de horarios de oficina, los servicios están disponibles 24/7 desde una app o una página web. Donde esté el asociado, ahí estará la cooperativa.

Y con eso, la experiencia del asociado mejora notablemente. Ya no es solo un usuario: se siente parte, valorado, atendido. La fidelidad nace del buen trato, también en lo digital.

¿Y la inclusión financiera? Se multiplica. Llegar a más personas, en más lugares, en más momentos. Un celular se convierte en la nueva sede de la cooperativa.

Con tantos datos disponibles, la toma de decisiones deja de ser intuitiva y se vuelve estratégica. Se anticipan riesgos, se personalizan productos, se ajustan procesos.

Además, el cumplimiento normativo se vuelve más sencillo; con herramientas adecuadas, las auditorías, reportes y controles se hacen con un clic, no con una montaña de papeles.

Pero hay más, la transformación digital también impulsa la innovación de productos: microcréditos inteligentes, soluciones verdes, ofertas adaptadas a jóvenes emprendedores o población rural.

Todo esto permite tomar mejores decisiones, no solo operativas, sino estratégicas. Y cuando la estrategia es clara, la visión se vuelve realidad.

Finalmente, todo este viaje trae un regalo invaluable: transparencia y confianza. Cuando los procesos son claros, cuando los datos fluyen, cuando la información es compartida, los asociados creen. Y donde hay confianza, hay comunidad.

 

Conclusión

La transformación digital no implica renunciar a los principios solidarios, sino potenciar su impacto en un entorno cada vez más exigente y competitivo. Las cooperativas de Colombia tienen la oportunidad histórica de liderar una nueva etapa de desarrollo, combinando la tecnología con la esencia de su modelo organizacional. 

 

Impulsamos el crecimiento de nuestros clientes con tecnología, datos y estrategia.

En GBA Latam®  impulsamos la innovación y aceleramos el crecimiento de nuestros clientes con estrategias basadas en tecnología, datos y marketing inteligente. Transformamos negocios para alcanzar resultados extraordinarios.

Contáctanos para más información o visita nuestra web www.coop.gbalatam.com