Cuando la prevención se abre paso: El SARLAFT del sector solidario frente al reto de las Finanzas Abiertas

Durante años, el SARLAFT ha sido en el sector solidario, ante todo, un  ejercicio puertas adentro. Cada entidad construyó su propio sistema para  conocer a sus asociados, vigilar sus movimientos y detectar cualquier indicio  de que sus productos estuvieran siendo utilizados para legitimar dinero de  origen ilícito. Ese trabajo, silencioso y en gran medida invisible para el  asociado promedio, ha sido durante décadas uno de los pilares menos  visibles, pero más determinantes de la confianza que sostiene al sector  solidario. Sin embargo, un cambio regulatorio reciente está a punto de  transformar por completo el terreno sobre el que ese trabajo se sostiene; ese  cambio hoy en día tiene nombre propio: el Decreto 368 de 2026.

 

Esta norma  convirtió en obligatorio un modelo de finanzas abiertas que hasta entonces  era apenas voluntario; en términos simples, el nuevo esquema exige que  buena parte del sistema financiero colombiano, incluidas numerosas  cooperativas y entidades del sector solidario, comparta información  financiera de sus asociados con otras entidades, siempre que estos lo  autoricen expresamente. Lo que antes era una decisión estratégica de  cada organización se convirtió, de la noche a la mañana, en una obligación  legal ineludible. 

 

La coincidencia de estos dos procesos —uno construido durante años  puertas adentro y otro que ahora obliga a mirar puertas afuera— no es  casualidad. El SARLAFT depende, en última instancia, de la calidad y la  cantidad de información que cualquier entidad tiene sobre sus asociados.  Mientras más completo sea ese conocimiento, más fácil resulta identificar  un comportamiento que se aparta de lo esperado. Las finanzas abiertas, por  su propia naturaleza, multiplican exactamente ese insumo: la cantidad de  datos financieros que circulan entre entidades. De ahí que para cualquier  área de cumplimiento del sector solidario, este no sea un tema que pueda  seguir tratándose como un asunto exclusivamente tecnológico o  exclusivamente legal. Es, ante todo, un asunto de prevención.

El primer efecto de esta convergencia es que amplía considerablemente el  terreno que el SARLAFT debe vigilar. Antes bastaba con observar lo que  ocurría dentro de los sistemas propios de la cooperativa; ahora es necesario  entender también qué información entra desde otras entidades, qué  información sale hacia terceros, y qué ocurre con esos datos una vez  abandonan el perímetro que la organización puede controlar  directamente. Ese ejercicio no es sencillo, y trae consigo una serie de riesgos  que hasta hace poco simplemente no existían en estos términos.

 

El primero de esos riesgos tiene que ver con la velocidad. Los nuevos sistemas  de pagos interoperables (es decir, que operan entre ellos) mueven el dinero  entre entidades distintas en cuestión de segundos, lo cual reduce  dramáticamente el margen de tiempo disponible para detectar y contener  una operación irregular antes de que se complete. El segundo riesgo es la  trazabilidad: cuando una transacción atraviesa varias plataformas y  entidades antes de llegar a su destino final, reconstruir el origen real del  dinero se vuelve una tarea considerablemente más compleja que cuando  toda la operación ocurría dentro de una sola institución.

A esto se suma un  tercer riesgo, quizás el más delicado: buena parte de las Fintechs y  plataformas que hoy participan en este ecosistema no están sujetas al  mismo nivel de vigilancia que una cooperativa o un banco, lo que abre  espacios donde el control puede diluirse. Y, por último, persiste una pregunta  que la regulación todavía no responde con claridad: cuando algo falla en  un flujo de información que involucra a varias entidades, ¿quién asume la  responsabilidad frente al asociado afectado? 

 

Sería un error quedarse únicamente con la lectura de los riesgos, puesto que  bien gestionada, esta misma apertura de información puede convertirse en  una herramienta poderosa para fortalecer, no debilitar, el sistema de  prevención de una entidad. Un conocimiento más completo del asociado,  construido a partir de fuentes adicionales y siempre bajo su autorización,  permite detectar con mayor precisión cuándo un comportamiento  realmente se aparta de lo esperado, en lugar de depender únicamente de  la información que el propio asociado decide declarar.

La posibilidad de  cruzar datos entre distintas entidades también facilita identificar patrones que ninguna entidad, actuando sola, lograría ver; por ejemplo, una misma  persona recibiendo simultáneamente recursos de múltiples fuentes, que  vistas de manera aislada, no despertarían ninguna alerta. 

 

Ese mismo principio aplica a uno de los ejercicios más exigentes del SARLAFT  que es el de identificar quién está realmente detrás de una empresa que  solicita vincularse como asociado. Contar con un panorama financiero más  amplio facilita cruzar información y confirmar que la estructura declarada  corresponde con la realidad, reduciendo el riesgo de que una cooperativa  termine, sin saberlo, prestando sus servicios a una estructura diseñada para  ocultar el origen o el destino de los fondos.

Y hay todavía un beneficio  adicional, menos técnico, pero igual de importante, cuando una  cooperativa le explica a sus asociados, con claridad, qué información  comparte, para qué la utiliza y qué garantías existen, no solo está  cumpliendo con una obligación normativa; está reforzando exactamente el  mismo activo que ha sostenido al sector solidario durante las generaciones:  la confianza. 

 

Frente a este panorama, no se trata de elegir entre abrirse al nuevo modelo  de datos o proteger el sistema de prevención construido durante años,  porque ambas obligaciones ya coexisten y seguirán haciéndolo. La  pregunta relevante es: ¿Cómo lograr que convivan bien? Eso exige que los  controles internos dejen de pensarse únicamente puertas adentro y  empiecen a considerar también los flujos de información que entran y salen  a través de las nuevas conexiones digitales.

Exige, igualmente, que los  equipos que atienden directamente a los asociados comprendan este  nuevo entorno no solo desde el punto de vista técnico, sino desde lo que  significa para la prevención del riesgo, de modo que puedan resolver dudas  y transmitir seguridad en el momento mismo en que un asociado autoriza el  uso de su información, y exige, sobre todo, que ninguna señal de alerta,  venga de donde venga, reciba menos atención que aquella que se genera  puertas adentro de la entidad.

 

El SARLAFT y las finanzas abiertas pueden parecer, a primera vista, dos  universos regulatorios distintos, uno construido sobre la prevención y el otro  sobre la apertura; pero en el fondo comparten una misma raíz, ambos  dependen de qué tan bien conoce una entidad a las personas con las que  trabaja, y de qué tan responsablemente cuida la información que estas le  confían.

La diferencia es que esa responsabilidad ya no puede pensarse  como un ejercicio aislado dentro de las cuatro paredes de la entidad, sino  como parte de un ecosistema financiero cada vez más interconectado.  Para un sector que se ha construido históricamente sobre la cercanía y la  confianza con sus asociados, este nuevo entorno no tiene por qué  representar una amenaza. Bien gestionado, puede convertirse en la  oportunidad de demostrar, una vez más, que esa confianza sigue siendo el  verdadero capital del sistema solidario, más aún con entidades que  cuentan en su portafolio con productos de ahorro y crédito.

 

Acompañamiento Estratégico para el Sector Solidario 

Giovanni Caicedo hace parte del Equipo del Programa de Transformación  Digital del Sector Solidario. Como Consultor de Transformación Digital y  responsable de Academy, aporta su visión y experiencia para guiar a las  entidades frente a los grandes desafíos tecnológicos e institucionales del  sector. 

Economista de profesión, Giovanni cuenta con más de 10 años de  experiencia en gestión de proyectos de desarrollo, transformación  institucional y formulación de políticas públicas. Es Especialista en Riesgo  Financiero y Magíster en Planeación para el Desarrollo. Complementa su  perfil como docente universitario en áreas económicas, Fintech y analítica  de datos, destacándose además en el asesoramiento, elaboración y  capacitación de ofertas académicas.

En la práctica, Giovanni es un profesional que combina el análisis  económico con el diseño de soluciones sostenibles y escalables, siempre  orientadas al impacto social. Su amplia trayectoria abarca la estructura,  planeación y seguimiento de auditorías internas y externas, gestión del  cambio, articulación interinstitucional, presupuestos y monitoreo de  procesos y riesgos. Su enfoque consultivo se centra en articular la  planificación estratégica con el uso de tecnologías emergentes, con el  objetivo de fortalecer la gestión institucional de las organizaciones. 

 

Referencias: 

  • Cambridge Centre for Alternative Finance (CCAF), Financial  Innovation for Impact (Fii) y Bank for International Settlements (BIS).  (2026). Enabling Open Finance in EMDEs: Incentives, Liability, and  Performance Measurement. University of Cambridge Judge Business  School. 
  • DataCrédito Experian. (2025). Cómo impulsar las Finanzas Abiertas en  Colombia: Inclusión, Innovación y Justo Intercambio de Valor. 
  • República de Colombia. (2026). Decreto 368 de 2026, por medio del  cual se modifica el Decreto 2555 de 2010 en lo relacionado con el  Sistema de Finanzas Abiertas. Ministerio de Hacienda y Crédito  Público. 
  • Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). (2023). Las  Recomendaciones del GAFI: Estándares Internacionales sobre la  Lucha contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo y la Proliferación.
  • Superintendencia de la Economía Solidaria. Circular Básica Jurídica y  Contable (normativa vigente sobre gestión de riesgos del sector  solidario).

 

GIOVANNI CAICEDO –  Director del Programa ACADEMY

 

 

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