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Cooperativas Digitales y de Datos

Vivimos la mayor revolución económica desde la industrialización; el conocimiento y su materia prima, los datos, se ha convertido en el activo más valioso del planeta. Las grandes tecnológicas lo saben y han construido imperios alrededor de él. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones solidarias, incluyendo muchas cooperativas, siguen siendo simples usuarias de tecnología ajena, sin control sobre su información ni sobre el valor que esta genera.

En este contexto, surgen las cooperativas de datos, una evolución natural del cooperativismo tradicional hacia el ámbito digital. Son organizaciones donde los miembros no solo participan en la propiedad del capital, sino también en la propiedad, gestión y uso de los datos. Representan una nueva frontera del movimiento solidario: la propiedad colectiva del conocimiento.

 

En Europa, Asia y América Latina comienzan a aparecer ejemplos inspiradores; desde cooperativas agrícolas que comparten información climática para mejorar la producción, hasta redes de salud que gestionan historiales médicos de manera descentralizada, garantizando privacidad y valor compartido. En todos los casos, el principio es el mismo: los datos pertenecen a la comunidad que los genera.

 

Durante dos décadas, la economía digital ha funcionado bajo una lógica de concentración: unas pocas plataformas extraen, procesan y monetizan los datos de millones de usuarios; en contraste, una cooperativa de datos invierte esta relación: los miembros dejan de ser consumidores pasivos para convertirse en copropietarios activos de la información.

Esto implica un cambio profundo en el modelo de gobernanza; los asociados deciden qué datos se recopilan, cómo se almacenan y con qué fines se usan. No se trata solo de tecnología, sino de democracia digital aplicada al conocimiento.

Imaginemos una red de conductores de transporte urbano cooperativizados: cada viaje genera datos sobre rutas, tiempos y consumo energético; si esos datos se gestionan cooperativamente, pueden convertirse en inteligencia colectiva, optimizar operaciones, reducir emisiones y mejorar los ingresos sin depender de una app corporativa extranjera.

Esa es la esencia del cooperativismo digital: pasar del uso al dominio, del dato individual al valor compartido.

 

El cooperativismo de plataforma es la manifestación práctica de este paradigma. Frente al modelo dominante donde la plataforma se queda con el valor y el usuario con la dependencia, las cooperativas de plataforma ofrecen una alternativa ética y económica.

Casos como Fairbnb (turismo responsable), Stocksy (banco de imágenes cooperativo) o CoopCycle (logística compartida) demuestran que es posible crear plataformas digitales sostenibles donde los beneficios se distribuyen entre quienes las hacen posibles.

En el contexto latinoamericano, este modelo tiene un enorme potencial; las cooperativas financieras, agroindustriales, educativas y de transporte pueden desarrollar sus propias plataformas digitales, diseñadas bajo principios cooperativos, donde el valor permanezca en manos de la comunidad.

Esto no se trata de competir con las grandes tecnológicas en escala, sino de liderar un modelo alternativo de transformación digital con propósito. Un modelo en el que la innovación se mida no por descargas o usuarios activos, sino por el impacto social, la transparencia y la equidad en la distribución del valor.

 

Hablar de cooperativas digitales no es idealismo; requiere capacidad técnica, inversión y gobernanza responsable.


Los principales retos son tres:

 

Infraestructura digital y soberanía tecnológica.
Las cooperativas necesitan construir o acceder a infraestructuras que garanticen independencia tecnológica: nubes cooperativas, almacenamiento descentralizado, y arquitecturas abiertas que eviten el secuestro de sus datos por proveedores cerrados.

 

Ciberseguridad y confianza.
El activo más valioso, los datos, es también el más vulnerable; la inversión en ciberseguridad, auditorías, encriptación y formación es esencial. Una cooperativa de datos debe asegurar no solo disponibilidad y privacidad, sino también confianza colectiva.


Las normativas sobre protección de datos, blockchain y gobernanza algorítmica aún están en evolución; las cooperativas deben participar activamente en estos debates para garantizar que la legislación proteja la soberanía comunitaria y no reproduzca monopolios digitales.

 

En Colombia, por ejemplo,  este debate ya no es opcional: los Decretos 0769 de 2025 y 1544 de 2024, junto con las Circulares 87 y 88 de 2025, establecen obligaciones concretas para las entidades del sector solidario en materia de gobernanza de datos, protección de la información, trazabilidad digital y ciberseguridad

 

Estas normas marcan un antes y un después: las cooperativas deberán incorporar políticas de datos, roles responsables (Data Steward, DPO), esquemas de interoperabilidad y mecanismos de reporte digital al supervisor. Lejos de ser una carga, este nuevo marco es una oportunidad para institucionalizar la gestión inteligente de la información y fortalecer la confianza del asociado.

 

El sector solidario enfrenta su propia brecha digital; la mayoría de las cooperativas aún no dispone de políticas de datos, arquitecturas tecnológicas o cuadros de talento especializado. Aquí surgen oportunidades de colaboración: centros cooperativos de datos y ecosistemas compartidos de analítica e inteligencia, pueden ser el camino para generar capacidades colectivas sin perder autonomía.

La transformación digital solidaria requiere un cambio cultural: pasar del software como gasto al dato como bien común.

 

La verdadera transformación digital del cooperativismo no se mide por cuántas apps tiene una entidad, sino por cómo usa la tecnología para cumplir su propósito solidario.
Poner los datos al servicio del bienestar colectivo implica pensar en modelos donde cada “byte” contribuya a resolver problemas reales: inclusión financiera, educación, salud, empleo digno y sostenibilidad ambiental.

El futuro del movimiento cooperativo dependerá de su capacidad para comprender que la autonomía tecnológica es la nueva forma de soberanía económica.
Así como las cooperativas nacieron para liberar a los trabajadores del capital, las cooperativas de datos surgen para liberar a las comunidades del capitalismo de la información.

Por eso, más que hablar de digitalización, debemos hablar de humanización digital. Las plataformas, los algoritmos y las métricas solo tienen sentido si fortalecen la cooperación, la confianza y la participación.

 

El desafío no es adaptarse al futuro digital, sino construirlo con valores solidarios.
Los datos son el nuevo territorio de la cooperación, y su destino no puede ser otro que el bienestar colectivo.

Hoy más que nunca, las cooperativas necesitan traducir la tecnología en estrategia y los datos en decisiones con sentido; si eres parte de una organización solidaria y te preguntas cómo avanzar en cumplimiento normativo, gobierno de datos o modelos de analítica cooperativa, es momento de actuar. Desde GBA Latam® acompañamos este proceso con metodologías adaptadas al sector, para que la transformación digital no sea un riesgo, sino una ventaja competitiva alineada con tu propósito.
Construyamos juntos la hoja de ruta hacia la soberanía digital del cooperativismo Latinoamericano.

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