El futuro cooperativo se escribe con datos: Open Banking y la nueva integración
El sistema financiero global vive una transformación sin precedentes. Conceptos como Open Banking, Open Finance y Pagos Instantáneos han dejado de ser tendencias para convertirse en realidades que reconfiguran la forma en que accedemos, procesamos y distribuimos la información financiera.
Para el sector cooperativo, históricamente caracterizado por su proximidad social, enfoque comunitario y modelos de gobernanza democrática, estos cambios representan un doble reto: adaptarse al nuevo marco tecnológico y regulatorio, y al mismo tiempo preservar su esencia solidaria.
El punto crítico es claro: en un mundo donde los datos, la interoperabilidad y la velocidad de las transacciones definen la competitividad, las cooperativas no pueden seguir operando en silos; deben repensar la integración cooperativa, articular plataformas conjuntas, y convertir la gestión de datos en una verdadera ventaja estratégica.
Open Banking: el primer paso de la apertura financiera
El Open Banking nace de la necesidad de abrir los sistemas bancarios tradicionales a la innovación. Su principio es tan simple como poderoso: los datos financieros pertenecen al cliente, no al banco. La definición estricta de Open Bankig nos dice que los usuarios, mediante su consentimiento, autorizan a terceros (fintechs, otras entidades financieras o plataformas) a acceder a su información financiera a través de APIs seguras. En el Reino Unido, pionero en regulación de Open Banking (2018), los clientes pueden conectar sus cuentas bancarias con apps externas para gestionar finanzas personales, créditos o inversiones en un solo lugar y el valor agregado: es que potencia la innovación, reduce costos de intermediación y obliga a las entidades a ser más competitivas en precios, productos y experiencia de usuario.
En el caso de las cooperativas, implica ofrecer interoperabilidad real con otros actores financieros, desafía el modelo cerrado y obliga a invertir en infraestructura API-first (estrategia donde la API es el punto de partida para integrar y escalar todos los canales y servicios digitales)y abre la puerta a alianzas con fintechs para ampliar el portafolio de servicios.
El siguiente nivel es Open Finance; mientras el Open Banking se limita a información bancaria (cuentas, créditos, pagos), Open Finance integra una visión holística del ecosistema financiero: seguros, pensiones, inversiones, microcréditos, remesas, billeteras digitales, entre otros; es el marco que permite el intercambio de todos los datos financieros del cliente, más allá de la banca tradicional; por ejemplo Brasil, con su iniciativa de Open Finance lanzada en 2021, ya permite que los ciudadanos compartan datos no solo de cuentas y créditos, sino de seguros, inversiones y pensiones y el beneficio es que se empodera al usuario al darle control absoluto sobre su información, fomentando la competencia y habilitando nuevos productos hiperpersonalizados.
Para las cooperativas representa la oportunidad de convertirse en plataformas de confianza de datos, permite crear productos colectivos basados en analítica avanzada: seguros cooperativos, scoring alternativo, beneficios compartidos y requiere elevar los estándares de ciberseguridad y gobernanza de datos.
En paralelo, los sistemas de Pagos Instantáneos (24/7, bajo costo, inmediatos) se han consolidado como el nuevo estándar; infraestructuras de pago que permiten transferencias inmediatas entre cuentas, sin importar el banco o entidad; en Brasil con PIX (más de 150 millones de usuarios en menos de 4 años), en la India con UPI (procesa más de 10.000 millones de transacciones mensuales), hoy es posible hablar de el valor agregado de estas infraestructuras dada la inclusión financiera masiva, la reducción de uso de efectivo, y la democratización del acceso a servicios financieros.
Para las cooperativas, representan un reto enorme ya que deben habilitar canales 100% digitales para competir en igualdad de condiciones con bancos y fintechs, abren la posibilidad de ofrecer billeteras cooperativas y servicios de adquirencia local para pequeños comercios asociados, e implica repensar la infraestructura tecnológica compartida a nivel gremial.
El impacto conjunto de Open Finance, Open Banking y Pagos Instantáneos es claro; se rompen los muros del sistema financiero; para las cooperativas, esto significa que la integración cooperativa no puede seguir siendo opcional ni limitada a esfuerzos gremiales fragmentados. Antes la integración cooperativa significaba acuerdos de segundo piso (centrales de ahorro, fondos comunes); pero ahora, la integración significa plataformas tecnológicas compartidas que permitan infraestructura de pagos en tiempo real, nubes de datos cooperativos para analítica avanzada, APIs conjuntas para competir en open finance; sin embargo, el riesgo de no actuar es que puedan quedar aisladas, perder relevancia frente a bancos digitales y fintechs, y ver reducido el rol histórico del cooperativismo en la inclusión financiera.
En este nuevo escenario, el activo más valioso es el dato; aquí las cooperativas cuentan con una ventaja natural, y es, la confianza social construida con sus asociados consolidándose una diferencia clave; mientras la banca tradicional y las big tech suelen percibirse como extractivas en el uso de datos, las cooperativas pueden gestionar datos bajo principios de propiedad democrática y transparencia, generando múltiples oportunidades como por ejemplo un scoring alternativo que logre evaluar capacidad de pago no solo con historial crediticio, sino con patrones de consumo, participación social o datos comunitarios; además, el desarrollo de productos personalizados, es decir, diseñar seguros, créditos y beneficios ajustados al ciclo de vida de cada asociado y finalmente, Cooperativas de Datos, es decir, estructuras donde los asociados decidan cómo y con quién compartir sus datos. La pregunta no es si las cooperativas deben gestionar datos, sino cómo convertir esa gestión en un activo diferencial, alineado con sus valores.
La regulación está acelerando estos cambios; en Brasil, pionero en Open Banking, Open Finance y Pagos Instantáneos (PIX), el modelo ya ha sido exportado a Chile y México. Por su parte en Colombia, el Decreto 0769 de 2025 habilita a cooperativas de categoría plena e intermedia para prestar servicios de órdenes de pago y transferencias de fondos, exige canales no presenciales, obliga a modelos de gobernanza tecnológica y abre la puerta a la actividad de adquirencia por parte de cooperativas.
Las claves para Colombia son que las cooperativas deben invertir en infraestructura digital compartida; los gremios deben evolucionar hacia plataformas tecnológicas cooperativas conjuntas y la gobernanza de datos debe ser parte de la agenda del consejo directivo, no solo del área de TI.
En Colombia, el marco normativo en torno a Open Banking y Open Finance ha avanzado con una lógica gradual, tomando referencias internacionales pero adaptándolas a la realidad del mercado local; a diferencia de países como Brasil o Reino Unido, donde la implementación fue centralizada y obligatoria desde etapas tempranas, en Colombia el enfoque ha sido más evolutivo y regulado por etapas, con énfasis en la interoperabilidad de pagos y en la protección del consumidor.
El primer hito se encuentra en la Ley 1735 de 2014, que sentó bases para la inclusión financiera y la promoción de modelos innovadores; posteriormente, la Ley 1955 de 2019 (Plan Nacional de Desarrollo) y el CONPES 3975 de 2019 sobre política de inclusión financiera ampliaron el campo para la innovación en canales digitales y Fintech; no obstante, el cambio más trascendental llegó con la Circular Externa 029 de 2019 de la Superintendencia Financiera, que introdujo lineamientos iniciales sobre interfaz estandarizada (APIs) y seguridad en el intercambio de información, marcando un primer paso hacia el Open Banking.
En 2022, el Decreto 1297 formalizó la figura de las Sociedades Especializadas en Depósitos y Pagos Electrónicos (SEDPEs), que han sido clave para dinamizar pagos digitales y billeteras; estas entidades son hoy los laboratorios naturales para Open Finance, al ser nativas digitales y enfocadas en interoperabilidad; sin embargo, el gran salto, sin embargo, llegó en 2025 con el Decreto 0769, que modifica el Decreto 1068 de 2015 y abre un nuevo capítulo para el sector solidario y las cooperativas ya que permite a las cooperativas de categoría plena e intermedia ofrecer órdenes de pago y transferencias electrónicas, lo que las conecta directamente con los ecosistemas de pagos instantáneos.
Paralelamente, la Superintendencia Financiera ha venido consolidando su estrategia de supervisión basada en datos, lo que implica que las cooperativas deberán reportar información de manera más estandarizada, bajo criterios de transparencia y trazabilidad; en cuanto al futuro inmediato, el Gobierno y la SFC trabajan en una hoja de ruta de Open Finance que incluye entre otras cosas, la estandarización obligatoria de APIs para cuentas, pagos, créditos y productos de ahorro; en segundo lugar, la ampliación de cobertura hacia seguros, pensiones y productos de inversión (siguiendo el modelo brasileño); en tercer lugar, el fortalecimiento de la seguridad digital, con exigencias más estrictas en autenticación biométrica, cifrado y gestión de riesgos y por último, espacios de sandbox regulatorio, donde fintechs, bancos y cooperativas podrán probar modelos de negocio en un entorno supervisado.
Este marco legal coloca al país en una fase de transición, avanzando del Open Banking incipiente hacia un Open Finance más amplio y robusto; para las cooperativas, el desafío es aún mayor ya que deben traducir estas obligaciones en estrategias de integración gremial y tecnológica, de lo contrario quedarán relegadas a un papel marginal en un sistema financiero cada vez más abierto, rápido y basado en datos; en síntesis, Colombia avanza hacia un escenario en el que Open Finance será un requisito normativo y competitivo, no una opción. La legislación ya no solo habilita, sino que empuja, y quienes no adapten su modelo digital corren el riesgo de perder relevancia en el corto plazo.
Las recomendaciones estratégicas para el sector cooperativo, analizando el mercado y el avance normativo son entre otras, construir consorcios tecnológicos cooperativos, es decir, no competir de manera aislada, sino crear hubs digitales compartidos, adoptar APIs y cultura “open”; me refiero a pensar en cada producto como un servicio que puede integrarse; invertir en ciberseguridad y gobierno de datos, ya que proteger al asociado es proteger el modelo; generar billeteras digitales propias: no depender solo de fintechs externas; convertir la integración gremial en integración tecnológica, es decir, pasar de acuerdos institucionales a plataformas vivas de servicio y finalmente, educar a los asociados en el valor de sus datos; la ecuación es simple: confianza + transparencia = lealtad digital.
El mundo financiero ya se mueve en tiempo real y sobre plataformas abiertas; Open Banking, Open Finance y Pagos Instantáneos no son modas tecnológicas: son infraestructuras habilitantes de un nuevo ecosistema; de este modo, las cooperativas tienen dos caminos; el primero es adaptarse y liderar, convirtiendo la integración en plataformas digitales conjuntas y el manejo ético de datos en su sello de confianza, o quedar rezagadas, reduciendo su rol a un actor marginal frente a bancos digitales y fintechs.
El futuro cooperativo no dependerá de la nostalgia por el pasado, sino de la capacidad de abrazar la apertura, la velocidad y los datos como nuevas palancas de valor; la verdadera pregunta no es si las cooperativas pueden adaptarse, sino si están dispuestas a repensar su modelo de integración para convertirse en los guardianes éticos de la economía digital.
El desafío no es tecnológico, sino estratégico y cultural. Las cooperativas que logren integrar la velocidad de los pagos instantáneos, la apertura de datos del Open Finance y la interoperabilidad del Open Banking con su esencia solidaria serán las que lideren el nuevo ciclo de inclusión financiera.


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