Rediseñar el modelo de negocio cooperativo impulsado por tecnología
Esta semana quiero compartirles nueve historias de innovación en procesos y servicios digitales dentro del sector cooperativo en América Latina. El tema cobró aún más fuerza después de escuchar dos frases inspiradoras durante el Congreso Nacional Cooperativo, celebrado en Cartagena los días 28 y 29 de agosto.
El primero del gerente de una cooperativa grande en Colombia fue: “para nosotros la transformación digital no es tener más sistemas, es hacer que el asociado pueda llevar a su cooperativa en el bolsillo y que pueda desde pedir un crédito hasta participar en una asamblea con un clic”.
El segundo comentario, del gerente de una cooperativa mediana también de Colombia, quién decía con cierta nostalgia: “Oscar, hace 20 años nuestro mayor logro era entregar créditos de manera rápida en 15 días; hoy un joven asociado espera que lo hagamos en 15 minutos, desde su celular y sin papeles.”
Me quedé pensando en estos dos comentarios y también que ambos resumen el gran desafío que enfrentan las cooperativas en América Latina por estos tiempos.
Durante varias décadas, el sector solidario se ha sostenido sobre tres pilares: confianza, solidaridad y democracia participativa; sin embargo, los cambios en los hábitos transaccionales de los asociados, la entrada de las fintechs, las billeteras digitales, los avances en open finance en América Latina que están abriendo el acceso y la interoperabilidad de datos financieros entre entidades y las nuevas exigencias regulatorias como la llegada de los pagos en tiempo real (RTP), han acelerado un proceso inevitable: rediseñar el modelo de negocio cooperativo y solidario con apoyo de la tecnología.
Sin embargo, la pregunta que muchos líderes cooperativos se están haciendo hoy, es ¿cómo puede una entidad con varias décadas de historia, adaptarse a un mundo digital sin perder su esencia solidaria? Personalmente, considero que la respuesta está en comprender que la tecnología no sustituye el ADN cooperativo sino que por el contrario, lo amplifica, lo vuelve más cercano y más relevante en la vida de los asociados.
Cuando hablamos de rediseñar, no nos referimos a comprar la última plataforma de moda sino de algo más profundo que consiste en repensar cómo la cooperativa crea, entrega y multiplica valor para sus asociados; es decir, rediseñar no es digitalizar, es re-imaginar el valor; en la práctica, esto implica, esforzarnos como entidad por integrar experiencias digitales en toda la cadena de valor, generar nuevos ingresos a través de alianzas y servicios complementarios, usar datos y analítica para ampliar el impacto social.
Estudiando un poco, investigando en toda Latam, y revisando algunos proyectos recientes, logré consolidar algunas historias de innovación en procesos que me parecieron interesantes para compartir.
La primera de ellas, tiene que ver con la aprobación de Créditos solidarios en horas, y no en semanas; en este caso me refiero a una cooperativa mexicana, en la cual, los créditos solían tardar entre 7-9 días en aprobarse; pero hoy, gracias a un modelo de machine learning que cruza información alternativa como los pagos de servicios, el historial de aportes, y su consumo digital, la aprobación llega en cuestión de horas.
El impacto fue enorme ya que cientos de asociados que antes quedaban por fuera del sistema financiero, hoy acceden a crédito justo a tiempo; un cambio de proceso que no solo mejora la experiencia, sino que fortalece la inclusión financiera.
La segunda historia, tiene que ver con las asambleas digitales; en este caso, se trata de una cooperativa rural en Colombia. Para los asociados, asistir a la asamblea implicaba viajar horas por carretera; sin embargo, hoy, con una plataforma de asambleas virtuales y votación en blockchain, esos mismos asociados participan desde sus celulares y el resultado logrado, es que la participación subió del 41% al 73%; y esto significa que a más voces, más democracia, por ende, más esencia cooperativa.
En Chile, nuestra tercera historia, tiene que ver con varias cooperativas medianas que migraron su operación contable y de gestión documental a la nube y el resultado fue de cerca de un 30% menos en costos operativos y la posibilidad de presentar reportes regulatorios en la mitad del tiempo; el ahorro se reinvirtió en programas de educación financiera para jóvenes asociados; este es un ejemplo claro de cómo la tecnología libera recursos para fortalecer el propósito social cooperativo.
Nuestra cuarta historia, tiene que ver con los servicios digitales; en este caso, el desarrollo de una billetera solidaria en Argentina; resulta que un grupo de cooperativas lanzó una billetera electrónica propia; los asociados pueden transferir dinero sin costo, acceder a descuentos en comercios aliados y, lo más innovador, recibir beneficios sociales integrados en la app; esta historia me gusta en particular porque no se trata solo de competir con bancos o fintechs, sino de crear un ecosistema donde cada transacción refuerza la pertenencia cooperativa.
En Chile, varias cooperativas agrícolas enfrentaban un problema común ya que tenían que vender su producción a precios injustos; y acá empieza la quinta historia de éxito, la solución fue un marketplace solidario donde los asociados venden directamente al consumidor. El resultado: hasta un 40% más de ingresos para los productores. La tecnología no solo transformó un canal de venta, transformó vidas.
En Colombia, un fondo de empleados es el protagonista de nuestra sexta historia; el fondo, lanzó una app gamificada para enseñar a los jóvenes a ahorrar, y a medida que cada reto es cumplido, se otorgan insignias y recompensas simbólicas. En seis meses, más del 60% de los menores de 30 años aumentaron su saldo de ahorro voluntario, constituyéndose como una prueba de que la educación financiera también puede ser divertida y efectiva.
Ejemplos con casos de éxito dignos de emular, existen muchos, mi objetivo al compartirlos con todos ustedes es motivarlos a pensar por fuera de la caja, a dejar de lado los mitos alrededor de la transformación digital y la falsa idea de que si no se realizan inversiones cuantiosas, no es posible llevar la entidad a un nivel de madurez digital más avanzado. Para finalizar quiero contarles las últimas tres historias; la Caja Popular Mexicana; protagonista de nuestra séptima historia de éxito, esta entidad, digitalizó créditos y transferencias, manteniendo la confianza de más de tres millones de socios. La octava historia, corresponde a Cooprogreso de Ecuador, quienes crearon una “superapp solidaria” que integra desde apertura de cuentas hasta pagos de servicios básicos. Y finalmente, nuestra novena historia de éxito corresponde a Credicoop de Argentina, quienes apostaron por la banca electrónica y los servicios digitales sin perder su identidad de base social.
En todos estos casos analizados, se demuestra que la clave no es el tamaño de la entidad, ni el país, sino la decisión de innovar con visión digital; considero que el verdadero riesgo es no actúar ya que el inmovilismo tiene un costo alto; para empezar nos podríamos convertir en irrelevantes frente a fintechs más ágiles, corremos el riesgo además de desconectar a las nuevas generaciones que esperan experiencias móviles y finalmente, quedar rezagados frente a las exigencias regulatorias de seguridad y digitalización de cada país.
La verdadera amenaza no es la tecnología, es no moverse a tiempo. La tecnología no debe verse como un fin, sino como una herramienta al servicio del propósito solidario. Rediseñar el modelo de negocio cooperativo no significa traicionar la esencia, significa ser coherentes con ella; y si el propósito es servir al asociado y generar bienestar colectivo, la tecnología es el vehículo más poderoso para lograrlo de manera más inclusiva, eficiente y sostenible.
Las claves son claras desde mi perspectiva; en primer lugar, mantener el propósito social en el centro, pensando siempre desde las necesidades del asociado, para quien trabajamos todos nosotros finalmente; en segundo lugar, usar la tecnología para multiplicar valor y finalmente, construir una cultura de innovación constante.
El futuro de las cooperativas en América Latina no se decidirá por quién tiene la app más vistosa, sino por quién logra hacer de la tecnología un aliado estratégico del propósito solidario; de este modo, las preguntas que cada entidad debe hacerse son sencillas; por ejemplo: ¿Qué proceso puedo transformar hoy? , ¿Qué servicio digital puedo lanzar mañana?, ¿Cómo quiero que mis asociados recuerden a su cooperativa en 10 años?, entre otras.
Aquellas cooperativas que se atrevan a responder con acción serán las que marquen el futuro del sector; no se trata de comprar más tecnología, sino de diseñar estrategias digitales coherentes con el propósito solidario.
Si alguna(s) de estas historias te motivaron, o si en tu cooperativa están evaluando cómo dar este paso, conversemos: será un gusto escuchar sus retos y compartir experiencias que les ayuden a avanzar con confianza.
¿Cómo rediseñar el modelo de negocio cooperativo con apoyo de la tecnología sin perder la esencia solidaria?
En este artículo comparto 9 historias de innovación en procesos y servicios digitales en Latinoamérica que muestran que sí es posible.
Te invito a leerlo y a compartir tu experiencia.
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