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Bre-B y el futuro del sector solidario: ¿Estamos listos para dar el salto?

Imagina que estás en una fila esperando una transferencia bancaria. Es lunes, son las 3:59 p. m., y tienes que enviarla “antes de las 4”. El sistema del banco está lento, y sabes que si no logras hacerlo ahora, tendrás que esperar hasta el día siguiente. ¿Te suena familiar?

Ahora imagina que esa transferencia llega en segundos, a cualquier hora del día, incluso un domingo a las 10 de la noche, sin importar la entidad. Esa es la promesa de los pagos en tiempo real. Y en Colombia, esa realidad está más cerca de lo que pensamos.

Durante septiembre comenzará a operar Bre-B, el nuevo sistema de pagos inmediatos del Banco de la República. Inspirado en el exitoso modelo PIX de Brasil, este sistema busca transformar radicalmente cómo enviamos y recibimos dinero en el país. Pero la gran pregunta es: ¿está listo el sector solidario para este cambio?

 

Bre-B no es solo tecnología. Es una oportunidad histórica

No estamos hablando de una nueva app ni de una simple actualización tecnológica. Estamos hablando de un cambio estructural en la manera como operan las entidades financieras. Un cambio que representa una oportunidad única para el sector solidario colombiano: cooperativas, fondos de empleados, cajas de compensación y demás organizaciones de ahorro y crédito.

Estas entidades han sido históricamente los actores más cercanos a las comunidades. Han garantizado el acceso al crédito en zonas donde la banca tradicional no llega. Pero también han enfrentado retos importantes: limitaciones tecnológicas, procesos manuales, baja interoperabilidad y, en muchos casos, una transformación digital aún pendiente.

 

¿Por qué Bre-B importa tanto?

Porque representa mucho más que rapidez. Bre-B promueve inclusión financiera, reducción del uso de efectivo, interoperabilidad real y acceso equitativo, con el respaldo del banco central colombiano. Cualquier entidad —grande o pequeña— podrá permitir transferencias 24/7, 365 días al año, en segundos, entre cualquier entidad del sistema.

Y eso no es un lujo. Es una expectativa del usuario moderno. Un asociado que ya está acostumbrado a la inmediatez de las plataformas digitales, a las billeteras móviles y a experiencias simples, seguras y rápidas.

 

¿Y qué rol debe jugar el sector solidario?

Un rol protagónico. Las cooperativas y fondos no deben ser simples observadores de este cambio, sino actores activos de esta transformación. Pero para lograrlo, necesitan enfrentar algunos desafíos clave:

  • Modernizar su infraestructura tecnológica.
  • Digitalizar sus procesos internos y canales de atención.
  • Elevar su madurez digital institucional.

Porque la transformación digital no se trata solo de tener una app. Se trata de transformar la cultura, el modelo operativo y la relación con sus asociados. Es un viaje profundo que toca todos los rincones de la organización.

 

¿Por dónde empezar?

Aquí algunas acciones urgentes para no quedarse atrás:

  1. Sensibilizar a directivos y juntas.
    La transformación digital ya no es un tema del área de sistemas. Es una prioridad estratégica.
  2. Medir el nivel de madurez digital.
    ¿Dónde está la entidad hoy? ¿Qué capacidades necesita para conectarse a Bre-B?
  3. Diseñar una hoja de ruta clara.
    Con metas, prioridades y enfoque en mejorar la experiencia del asociado.
  4. Buscar aliados tecnológicos.
    No hay que inventar la rueda. Existen soluciones asequibles y adaptables al sector.
  5. Conectarse con el ecosistema Bre-B.
    Participar en pilotos, entender la regulación, escuchar al Banco de la República.

 

Bre-B no es solo para los grandes bancos

Un mito común es pensar que este tipo de innovaciones son exclusivas de bancos grandes o fintechs. Nada más lejano de la realidad.

Bre-B está diseñado como un sistema abierto y colaborativo, donde todas las entidades pueden participar. Lo que se necesita es decisión, liderazgo y una visión clara del futuro.

 

El momento de actuar es ahora

El sector solidario colombiano ha sido clave para el desarrollo del país. Pero también enfrenta una encrucijada: adaptarse o volverse irrelevante para las nuevas generaciones.

Bre-B puede ser el impulso que necesitamos para dar el salto digital. Para renovar la promesa de valor del modelo solidario. Para competir con calidad y confianza en un mundo donde lo digital ya no es una opción, sino la norma.

Con la entrada de Bre-B, se prevé una transformación profunda del ecosistema de pagos del país. Este cambio estructural afectará tanto los hábitos de los usuarios como la estrategia de los distintos actores del sistema financiero, incluyendo al sector solidario.

Uno de los principales impactos será sobre el uso del efectivo, actualmente el medio preferido por más del 75% de los colombianos. Bre-B, al facilitar transferencias instantáneas 24/7, reducirá de forma significativa la dependencia del efectivo, especialmente en zonas rurales y sectores tradicionalmente excluidos. Esto representa una oportunidad para cooperativas y fondos de empleados de ampliar su cobertura y eficiencia operativa.

El uso de tarjetas débito podría disminuir, dado que su propuesta de valor es comparable (o incluso inferior) a la de los pagos inmediatos. Con más de 41 millones de tarjetas activas en el país, este cambio podría impactar el modelo tradicional de adquirencia y originar ajustes en la estrategia de los bancos y redes.

En contraste, las tarjetas de crédito mantendrán su vigencia, ya que ofrecen beneficios adicionales como financiación, lealtad o cashback. Igualmente, las billeteras digitales (Nequi, Daviplata, etc.) podrían integrarse al sistema Bre-B, logrando por fin una interoperabilidad real entre ellas y con los canales del sector solidario.

Por su parte, PSE también podría ver reducida su participación, como ocurrió en Brasil tras la entrada de su sistema RTP. Esto abre la puerta a modelos de pago más sencillos, interoperables y de bajo costo.

En este nuevo panorama, el rol de las cooperativas y entidades solidarias puede ser crucial si se adaptan estratégicamente, integran nuevas tecnologías y fortalecen su propuesta de valor digital. Bre-B no solo es una infraestructura, es una invitación a transformar la inclusión financiera desde la base solidaria del país.

 

Conclusión

La inclusión financiera del siglo XXI no se mide por el número de oficinas, sino por la capacidad de brindar servicios ágiles, confiables e interoperables.

Y ahí, el sector solidario tiene todo para destacar: cercanía con las comunidades, propósito social y legitimidad. Solo falta una cosa: dar el salto tecnológico.

Bre-B puede ser el puente.

¿Tu entidad ya está construyendo ese camino?

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